Cuentos y relatos

PISCINAS VACÍAS | Laura Ferrero

Quiero contarte una historia de amor, la tuya. Aunque sabrás supongo, que no todas las historias de amor acaban bien.

Estoy atravesando una época en la que me cuesta leer y, lo poco que leo, no me provoca ningún tipo de sentimiento. Y es desesperante tener ganas de leer y que las palabras no te llenen, ni te emocionen. Ni siquiera te hagan sonreír. Por eso decidí probar con los relatos, un género que no es de mi favoritos, pero que ahora mismo está siendo mi tabla de salvación.

Sigo desde hace mucho tiempo a Laura Ferrero en Instagram y siempre sabe llegar a mi. Espero con ganas sus nuevas publicaciones, porque sin exagerar ni pizca, es una de las mejores cuentas que podéis encontrar en una red social que, a día de hoy, se ha convertido en un escaparate comercial que empiezo a detestar.

Me costó muchísimo encontrar sus Piscinas vacías. Meses buscando en varias librerías de Madrid y Valencia. Incluso fui expresamente una tarde a la Feria del libro de Madrid pensando que en la caseta de la editorial estaría y… tampoco. Agotado. Al final lo encontré en una librería cerca de Sol, cuando ya lo daba por perdido, cuando estaba a punto de irme a casa con las manos vacías, cuando faltaban cinco minutos para que cerraran los comercios. Mr. Brandon me dijo “vamos a mirar aquí” y allí estaba, un poco escondido, esperándome.

Los relatos que componen este primer libro de Laura son muy crudos y llenos de tristeza. Es un libro para saborear, no para leer del tirón. Para sentir cada pequeña historia, dedicarles su momento, pensarlas y guardar frases que calan hondo. Frases que para mí ya tiene la marca Laura Ferrero. La reconozco en ellas, veo a esa Laura de Instagram. Esa Laura que me envuelve.

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Miras atrás y tardas tiempo en entender el dolor. Porque el dolor cambia pero no desaparece. Adquiere nuevas formas, ocupa distintos lugares.

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En la vida pasan muchos trenes y coger el primero por impaciencia, por no saber esperar, hace que lleguemos a las estaciones incorrectas. A las estaciones donde no te espera más que lo que no te esperabas de ti.

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Ahora pienso que desde que no estás llueve muy a menudo. Y las cicatrices me vuelven a recordar que donde ahora hay piel un día hubo herida, puntos, vendas y sangre. Me vuelven a recordar que dolía.

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Ella me enseñó a no guardar trastos inútiles, pero no me dijo qué había que hacer con las decisiones torcidas del corazón. Con los sentimientos equivocados. Me contó de niño que escoger un camino significaba dejar de tomar todos los demás. Yo la creí.

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La piel, dicen, acumula el dolor.

¿Por qué surge el amor? La mayoría de relatos que componen Piscinas vacías nacieron como una posible respuesta a esa pregunta. Una pregunta que surge de un poema de Anne Carson. Un poema que tiene mucho peso en el libro. Pero decir que estos relatos hablan simplemente de amor sería quedarse en la superficie, en una pequeña toma de contacto. Hablan del amor idealizado, de la complejidad de las relaciones humanas, pero también del dolor y la muerte.

No llega la mañana.
Solo quiero hablar contigo.
¿Por qué surge el amor?
Y entonces me hice viejo, vino la muerte y escribí esto.
Ten cuidado, es agudo como el mundo.

ANNE CARSON

Es difícil valorar un libro de relatos, siempre hay algunos que te gustan más que otros. Unos que marcas con lápiz para volver a leerlos con el tiempo, otros que posiblemente olvidarás con el paso de los días. Pero os puedo asegurar que si os gusta la Laura de Instagram, la Laura que lanza al mundo pedacitos de vida, os gustará la Laura de Piscinas vacías. A pesar de la crudeza, de la tristeza, del puñetazo de realidad que impregnan sus páginas. Merece la pena. Pero tened cuidado, es agudo como el mundo.

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Narrativa contemporánea

LA INSOPORTABLE LEVEDAD DEL SER | Milan Kundera

Siempre he pensado que hay libros que deben leerse una vez en la vida. O al menos intentarlo. Quizá porque me gusta ponerme pequeños retos como lectora, salir de mi zona de confort, perderme entre letras que me aporten cosas nuevas. La insoportable levedad del ser es uno de esos libros.

Mi primer acercamiento no fue demasiado bueno. Lo empecé a leer hace siete años, terminé la primera parte y lo abandoné sin miramientos. Hoy sé que no tenía la madurez lectora suficiente para embarcarme en una lectura así. Leer este libro siempre fue una asignatura pendiente, después de abandonarlo me quedé con la espinita clavada. Y fue gracias a leer Siempre el mismo día de David Nicholls cuando me animé, por fin, a darle una segunda oportunidad a Kundera.

El libro de David Nicholls fue uno de los que metí en la maleta cuando estuve en Semana Santa en casa. Siempre que voy vuelvo cargada con algún libro de los que me dejé allí, en mi habitación, acumulando polvo. Emma, la protagonista de la historia, lee, lee mucho y la novela está plagada de referencias. Tanto es así que me hice una lista, #loslibrosdeEmmaMorley, y el primero que apunté en el papel fue La insoportable levedad del ser. (También entra en mi lista de #librosde1984). Me temo que siempre seré la niña de las listas interminables de libros.

Terminé la historia de Emma y Dexter con un nudo en el pecho —a pesar de conocer de antemano el desenlace— y me lancé con Tomás y Teresa (y con Sabina y con Franz). El libro de Milan Kundera no es sencillo, creo que es un libro para leer poco a poco. Para subrayar, releer y sentir. Habla de muchas cosas: del amor, de la familia, de las traiciones, de la muerte, de los celos, de las debilidades… todo ello aderezado con reflexiones filosóficas que te hacen pensar en tu propia vida, en tu propia existencia. Yo lo leí a sorbitos, por las noches, antes de dormir y fue una lectura diferente, creo que ese plus de concentración que requiere la historia fue algo que me enganchó como una droga, porque días después de terminarlo lo echaba de menos. Echaba de menos que Kundera me soltara una de sus parrafadas filosóficas antes de irme a dormir y me dejara cavilando hasta la noche siguiente. Que se metiera en mi cabeza y escarbara hasta hacer relucir partes que desconocía de mí. Pensamientos que estaban ahí y yo ni siquiera sabía. La magia de los libros, una vez más.

No puedo hablar mucho más de La insoportable levedad de ser, es difícil hacerlo de un libro como este. No sé como abordarlo. Es complicado sin estropearlo demasiado. Así que dejo para el recuerdo un puñado de frases que marqué durante la lectura y a Beethoven. Que la música nunca falte.

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El hombre lo vive todo a la primera y sin preparación. Como si un actor representase su obra sin ningún tipo de ensayo. Pero ¿qué valor puede tener la vida si el primer ensayo para vivir es ya la vida misma? Por eso la vida parece un boceto. Pero ni siquiera boceto es la palabra precisa, porque un boceto es siempre un borrador de algo, la preparación para un cuadro, mientras que el boceto que es nuestra vida es un boceto para nada, un borrador sin cuadro.

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¿Me ama?, ¿ha amado a alguien más que a mí?, ¿me ama más de lo que yo le amo a él? Es posible que todas estas preguntas que inquieren acerca del amor, que lo miden, lo analizan, lo investigan, lo interrogan, también lo destruyan antes de que pueda germinar. Es posible que no seamos capaces de amar precisamente porque deseamos ser amados, porque queremos que el otro nos dé algo (amor), en lugar de aproximarnos a él sin exigencias y querer sólo su mera presencia.

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—¿Y por qué no utilizas nunca tu fuerza contra mí?
—Porque amar significa renunciar a la fuerza.

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La verdadera bondad del hombre sólo puede manifestarse con absoluta limpieza y libertad en relación con quien no representa fuerza alguna. La verdadera prueba de la moralidad de la humanidad, la más honda (situada a tal profundidad que escapa a nuestra percepción), radica en su relación con aquéllos que están a su merced: los animales.

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Allí donde habla el corazón es de mala educación que la razón lo contradiga.

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El vértigo es algo diferente del miedo a la caída. El vértigo significa que la profundidad que se abre ante nosotros nos atrae, nos seduce, despierta en nosotros el deseo de caer, del cual nos defendemos espantados.

Suspense romántico

LO QUE ARRIESGUÉ POR TI | Marisa Sicilia

Las equivocaciones, las malas ideas, la apuesta más alta.
Cuando arriesgas, tienes que asumir la posibilidad de perder.

Hace un año estaba leyendo Nadina o la atracción del vacío y mi percepción en aquel momento fue que era la historia más ambiciosa de Marisa hasta la fecha. Estamos acostumbrados a sus tramas siempre diferentes, siempre arriesgadas. A sus personajes complejos, llenos de aristas. Pero con Nadina sentí que todo esto iba un paso más allá. Más riesgo, más acción. Personajes que te dejaban a la deriva con un pestañeo, que te hacían replantearte lo que pensabas de ellos en cada capítulo. Leer conteniendo el aliento, sin tregua, disfrutando hasta el último punto. Pero si algo me enganchó por completo de todo aquel viaje por París fue Dmitry Záitsev. Dima.

Supongo que para muchas lectoras se quedó con el papel de villano, por sus negocios turbios o simplemente por ser “el otro”. El tercero en la ecuación. El que, a priori, sobraba. Mantener el pulso con Mathieu no era nada fácil. Pero a mi Dima me enredó en su tela de araña, su historia con Nadina me pareció intensa, desgarradora y brutal. Nadina, siempre bordeando el precipicio, Dima intentando salvarla. Un pasado lleno de ruinas y sangre. De dolor y desesperación. Algo irrompible que les unirá para siempre. Quizá también por eso cuando Marisa anunció que habría libro sobre Dmitry me alegré tanto. Quería saber cómo sería su vida sin Nadina, como saldría de la oscuridad de haberlo perdido todo. De sentirse vacío y seco. Cómo tomaría las riendas en un Berlín gris y frío. Cómo encajaría el golpe de conocer a una mujer como Antje, tan diferente de Nadina, tan perfecta para él. Cómo resurgiría entre los rescoldos de sus cenizas, para empezar de nuevo. Para sentirse en paz.

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El terrorismo islámico sigue siendo parte fundamental de la trama, tan adictiva como lo fue en Nadina o la atracción del vacío. Dmitry aterriza en Berlín para hacer el trabajo sucio, los servicios de inteligencia han evitado que acabe en la cárcel, pero sigue en el punto de mira, su vida está en juego y si quiere recuperar lo que ha perdido tiene que hacer lo que le piden. Sin objeciones. Antje Heller es su supervisora, la que con un chasquido de dedos puede terminar de hundirlo. Y, sin embargo, acabará siendo lo único que le insufla esperanza sobre un posible futuro.

Su nombre se escapa de su boca y la angustia desaparece. Se besan bajo el manto de agua y la sangre y la suciedad se van junto con el dolor. La rabia, las frustraciones, los errores y las culpas, todo se disuelve, se limpia. Solo ella es capaz de lograrlo, le devuelve la cordura, lo conforta, le hace sentir en paz.

Conexión. Eso es lo que he sentido con Dima y Antje, eso es lo que ha hecho que haya disfrutado y sentido su historia de esta manera. Lo pasado, el presente juntos, su futuro incierto. Mi historia favorita de Marisa. Siempre he pensando que era muy difícil desbancar del trono El último baile, pero es que Dmitry es un personaje tan redondo, tan lleno de contrastes, que para mí es uno de los mejores personajes que ha creado.

No sé si habrá gente que se lance a leer Lo que arriesgué por ti sin haber leído Nadina o la atracción del vacío, pero creo que lo ideal es leer ambas historias, por orden. Sobre todo, para disfrutar totalmente de esa historia personal que arrastra Dmitry y que sin conocer a Nadina se queda coja. Se pierden detalles, sensaciones, momentos. No puedes entender a Dima, acercarte a él, sin conocer su vida antes de Antje. Para mí, Dima y Nadina son el alma de estas historias. No concibo pensar en ellas por separado. Son un pack, un todo. Son el final que merecían.

sia
Vida

BAREFOOT IN THE PARK

Hoy Locked in verses cumple un año. En realidad el aniversario de su creación fue hace unos días, pero hoy hace un año que lo lancé al mundo con aquella primera reseña de Charlotte.

Os confieso que empecé este blog con una pizca de miedo, pero también con ilusión y con el convencimiento de que este rincón sería mucho más especial y que iría mucho mejor que el anterior. Supongo que en esto último pequé de optimista, le echaremos las culpas a mis ganas y a esa ilusión de la que os hablaba. Lo cierto es que sí, es un sitio mucho más especial, así lo siento yo, pero no va mucho mejor que el anterior. Lo cierto es que si hablamos de estadísticas va rematadamente mal. Y no os voy a mentir, es algo que me ha frustrado en algún momento durante este año. He llegado a pensar que Locked in verses no merecía la pena. Pero después de tener pensamientos turbios, encendía el portátil, tecleaba en una nueva entrada y disfrutaba tanto que me olvidaba de todo lo demás.

Supongo que el problema radica en que había dejado un blog que tenía trescientos seguidores, que soy consciente de que es una cifra irrisoria comparada con lo que se suele manejar en la blogosfera, pero yo lo sentía como una verdadera hazaña. La primera semana de vida ya había alcanzado el número que he logrado aquí en un año. Pero luego pienso en la desilusión y el desencanto que me proporcionó todo aquello y claro, virgencita que me quede como estoy. He tardado tiempo en comprenderlo, pero ahora no cambio la libertad y la tranquilidad que siento aquí por aquello, aunque wordpress a veces me lleve por el camino de la amargura.

En fin, pretendía hacer un resumen de lo que ha supuesto este año y ya veis que han sido meses de altibajos. Pero lo que os puedo decir con total seguridad es que en ningún momento he pensado en cerrar el chiringuito. Escribir aquí me hace feliz, es mi pequeño baúl de recuerdos, lleno de canciones, libros y experiencias. Escribir aquí es como caminar descalza sobre la hierba fresca. O como mojarme los pies en la orilla del mar. Es paz.

Hace unas semanas mi amiga Lidia preguntaba en Instagram cuál era nuestro refugio y yo inmediatamente pensé en los libros y la música. Pero después de una noche dándole vueltas al tema me di cuenta de que mi refugio es Locked in verses. Aquí guardo todo lo que me hace sentir en carne viva. Todo lo que me llena.

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Romántica Contemporánea

MIENTES TAN BIEN | Audrey Ferrer

Las guerras contra las mentiras que uno se cuenta están abocadas a rendirse en los labios ajenos.

Audrey Ferrer llegó cuando más la necesitaba. Cuando estaba mentalmente agotada de guerras, dolor y sangre. Llegó con una historia romántica contemporánea que podría haber sido una más en otras manos, pero que ella ha dotado de encanto.

Nunca un puñado de mentiras encerraron una historia tan bonita. La de un actor de teatro con miedo escénico, sonrisa canalla y versos de Lorca. La de una chica con gasolina en vena, que se refugia entre letras y tiene el miedo anidando en el pecho. Es la historia de Matías y Tessa. Pero también la de Sonia, Rodrigo, Luis y Ben. Es una historia donde se respira la magia del teatro clásico de Lorca, Shakespeare o Calderón de la Barca. Donde los pensamientos son versos susurrados al aire y el sentimiento de cada palabra te eriza la piel.

Pero Mientes tan bien no solo es eso. También se habla de temas complicados que la autora trata con delicadeza y sensibilidad. Se habla de amor, del amor limpio, que sana y reconforta. Del amor que duele y anula, del mal querer. Se habla de la familia, la de sangre y la que eliges. Se habla del miedo y de las mentiras. De silencios que gritan necesitando ser escuchados. Y de personas imperfectas que encuentran la horma de su zapato.

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Si algo me ha cautivado de esta historia ha sido la prosa de la autora, casi como si te recitara versos al oído. No sé si es su forma habitual de escribir o era lo que esta historia le pedía, pero ha sido precioso y diferente. Una voz distinta cuando ya todo suena igual. Un soplo de aire fresco cuando el agobio te engulle. Hacía muchísimo tiempo que una autora de romántica no me dejaba este sabor tan dulce en la boca.

La semana que viene me esperan horas de tren y soledad en las que tengo intención de leer Nuestros mejores momentos, la anterior (y primera) novela de la autora. Os contaré pronto si el viaje ha sido tan especial como este. Pero alguien que juega con las palabras con esta maestría me cuesta creer que no tenga un don innato.

A veces es necesario llegar a un lugar en el que nadie te conoce para poder empezar a ser tú mismo. Y encontrar en la persona a la que abandonarse porque sabe arroparte a pesar de tus ruinas.

Vida

CARTA A ALGÚN RINCÓN DE RUSIA

En un lugar de La Mancha, 11 de abril de 2019

Querido F.,

Dentro de poco hace setenta y ocho años que cogiste aquel primer tren que te llevaría a un lugar del que no regresarías jamás. A veces pienso que en el fondo sabías que ese era tu destino otras, en cambio, pienso que fuisteis tan engañados que realmente pensabais que era cosa de dos días, y cuando la nieve empezó a teñirse de sangre y pólvora ya no hubo vuelta atrás. Llegó el miedo, el arrepentimiento y la resignación.

Me duele confesarte que durante mucho tiempo no entendí tus motivaciones y las juzgué. Te juzgué a ti sin merecerlo. Qué fácil era hacerlo desde mi sitio privilegiado de niña de los años 80. Cuando la dictadura, la escasez y las privaciones solo se conocían a través de los libros de texto y las conversaciones en familia. Fui muy injusta porque yo viví el después, la tristeza y el vacío que dejó tu ausencia y el horror que dejó a su paso aquella guerra que no era tuya. Puede que hoy siga sin entender que te impulsó a embarcarte en ella, quizá nunca lo entienda, pero ya no te juzgo. No tengo ningún derecho a hacerlo y me duele ser capaz siquiera de intentarlo.

He tenido la oportunidad de conocerte. Te he conocido a través de cartas. Las tuyas con letra irregular y borrosa a consecuencia del frío de la estepa rusa. Con las palabras garabateadas en trozos de papel amarillento de tu madre y hermanas. Te he conocido a través de los ojos brillantes y llenos de amor de tu esposa. Supongo que lo sabes, pero te quiso mucho. Te amó durante toda su vida, siempre te tuvo presente y no dejó que tu recuerdo se perdiera. Gracias a ella yo siempre supe que ese chico tan guapo de la foto sepia eras tú y que habías muerto en la guerra. Por aquel entonces era muy pequeña para comprender lo ocurrido, ni siquiera sabía qué era una guerra, pero me sentía orgullosa de ser una pequeña parte tuya. Con el tiempo empecé a estudiar y a leer sobre aquella guerra. Te sorprendería los ríos de tinta que han corrido, lo mucho que se ha escrito y todo lo que se desconoce y se va descubriendo poco a poco. Fue cruel, inhumano y horrible. Quiero pensar que no teníais ni idea de la magnitud de lo que estaba pasando a vuestro alrededor. Hay testimonios de compañeros tuyos que lo atestiguan, pero se han dicho tantas cosas que yo solo podría creer en tu palabra.

Empecé a seguir tus pasos, a comprar libros, a escribirme con desconocidos que pudieran darme alguna pista. Recuerdo especialmente a un chico de Valencia que buscaba a su tío abuelo, curiosamente había estado en el mismo batallón que tú, imaginé que quizá habíais compartido algunas palabras.
Dolió demasiado desenterrar algo que ninguno de nosotros había vivido, pero había marcado de alguna manera nuestra vida. Lo hice por ella, aunque ya no esté, sé que le haría muy feliz. Siempre quiso encontrarte. Lo hice por ti, quiero pensar que también serías feliz sabiendo que te cayó en gracia una bisnieta tan majara como para buscarte después de casi ochenta años.

¿Es posible querer a alguien que nunca has visto? Hoy sé que sí. Te quiero, de una manera extraña y singular, pero no por ello menos real. He reconstruido tu esencia a partir de todo lo que he recopilado los últimos cinco años y no ha sido fácil, de los que te conocieron solo queda una persona con vida y es tan mayor que a veces ni siquiera me reconoce a mi.
Sé que eras alegre, noble, honrado y que siempre tenías una sonrisa en la cara. Que te gustaba cantar tangos, tanto que incluso lo hiciste en el frente para animar a tus compañeros cuando las cosas se ponían muy jodidas. Sé también que eras valiente y terco, que siempre luchaste por tus ideales. Que a pesar del frío extremo, el hambre y todas las penurias de la guerra, lo único que querías en Navidad era una fotografía. No sé si el paquete llegó demasiado tarde, pero ella te mandó ropa de abrigo, comida, tabaco, todo lo que pudo. Sé que tu único pensamiento siempre fue volver a casa y empezar de cero. Te daba igual dejar tu tierra bañada de sol y mar, solo querías estar con ellos, con esa familia que habías construido un par de meses antes de subirte a aquel dichoso tren. Eran planes preciosos que cuando leí de tu puño y letra me emocionaron. He llorado mucho en el camino, mientras encajaba piezas, apuntaba fechas y leía cartas. Sigo haciéndolo mientras escribo esto. Creo que nunca dejaré de hacerlo al pensar en ti.

Hace un par de días descubrí cómo habías muerto, tenía una ligera idea, pero saberlo con tanta exactitud ha sido doloroso. Lo leí en un libro que compré por impulso y ahí estabas, en una página, al lado de una fotografía. Llevo varios días revuelta, como ida, no puedo quitarte de mi cabeza. Es una sensación muy extraña que me acompaña desde entonces. Mi cuerpo vive en 2019 pero la mente sigue anclada en 1941. Cómo si hubiera una pequeña posibilidad de convertirme en una superheroína y salvarte. Cómo si fuera posible viajar al pasado, a aquella noche de diciembre y pudiera pegarte tirones en la ropa para que te quedaras quieto, a mi lado y no salieras de la trinchera. Pero lo hiciste, te ofreciste voluntario y lo que ocurrió después lo sabes mejor que nadie.

No quiero ponerme triste, quiero quedarme con los regalos que sin saberlo me dejaste a través del tiempo. Me habéis enseñado a creer en el amor. Los dos. En ese amor eterno, capaz de superar todos los obstáculos inimaginables. Lo vi en sus ojos llenos de luz y pena al hablar de ti. Lo sentí en tus palabras cariñosas y llenas de sueños. Y, sobre todas las cosas, me dejaste a mi abuelo. El único padre que realmente tengo.

Sé que ya no importa, pero quiero que sepas que no mereció la pena, ni siquiera para los que sobrevivieron. Os fuisteis como auténticos héroes y cuando volvieron la realidad fue muy diferente. Se habla de desprecio y olvido. De promesas que nunca se cumplieron. Puede que no fuerais héroes, pero tampoco fuisteis villanos. Solo erais un puñado de chicos arrastrados por unas circunstancias que no conocemos y por una vida que no tiene nada que ver con la nuestra.

Me quedan muchas cosas por contarte, podría escribirte cada día durante años y siempre me dejaría cosas en el tintero, pero quiero pensar que siempre has estado con nosotros. Tiene que ser así, lo contrario me cuesta aceptarlo. Mi mayor ilusión sería traerte a casa para que por fin volváis a estar juntos, pero soy consciente de que no lo voy a poder hacer y lo siento mucho. Tanto que me parte el corazón.

Siempre te llevo conmigo.
Mónica

No ficción

HOMENAJE A CATALUÑA | George Orwell

Ninguna persona sensata podía suponer que hubiera alguna esperanza de democracia, ni siquiera como la entendemos en Inglaterra o en Francia, en un país tan dividido y exhausto como lo sería España al concluir la guerra. Se acabaría imponiendo una dictadura y, evidentemente, la posibilidad de una dictadura proletaria había pasado.

El lunes se cumplieron ochenta años del fin de la Guerra Civil española. Esa noche, antes de irme a dormir, puse la tele un rato. Es algo que suelo hacer porque me relaja verla unos minutos. Haciendo zapping caí en un canal en el que estaban dando el documental España dividida: La Guerra Civil en color. Un documental de casi tres horas de duración —tres capítulos de 44 minutos cada uno—, que si os interesa el tema os recomiendo de veáis. Al final me fui a dormir a las tantas, porque no era capaz de apagar la tele sin terminar de verlo. Y la mañana siguiente ya estaba haciendo un lista con de libros que quería leer, recuperando títulos que hacía siglos que tenía en mente y agregando otros nuevos que iban surgiendo sobre la marcha. Había pasado mucho tiempo desde que leí un libro ambientado en la Guerra Civil y el documental me había llenado de ganas.

George Orwell es mundialmente conocido por ser el autor de 1984 y Rebelión en la granja, pero mucha gente desconoce que antes de escribir los libros que le llevarían a la fama participó en la Guerra Civil. En Homenaje a Cataluña Orwell relata en primera persona su paso por la guerra en España. Llega a Barcelona en diciembre de 1936 para trabajar como periodista, pero seducido por la atmósfera revolucionaria de Barcelona termina en las milicias del POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista). Era tal el desconocimiento que había desde fuera de España sobre la guerra que estaba teniendo lugar, que su único fin para involucrarse en ella era luchar contra el fascismo. Con el paso del tiempo Orwell empezó a entender en qué clase de guerra estaba inmerso y las diferencias entre los partidos políticos enfrentados en ella.

georgeorwell

Orwell estuvo en el frente de Aragón, desde enero hasta principios de mayo de 1937, fue testigo directo de los hechos de mayo en Barcelona —donde quedó patente la desunión dentro del bando republicano— y posteriormente volvió al frente donde fue herido de bala en el cuello. A su vuelta a la ciudad condal descubre que tras lo acontecido en los hechos de mayo, el POUM es acusado de traición y espionaje. Orwell deberá huir de España. Haber luchado en la milicia del POUM bastaba para terminar en la cárcel. Antes de que la Guerra Civil llegara a su fin, George Orwell ya había escrito Homenaje a Cataluña y su percepción de como acabaría todo no pudo ser más acertada.

Siempre es interesante tener la oportunidad de conocer las experiencias de alguien que formó parte del conflicto. Todavía lo es más si es alguien de fuera. Hay partes que ponen los pelos de punta, como cuando habla de las condiciones de los milicianos en el frente. Otras que te saca sonrisas, cuando se sorprende por la forma de ser de los españoles. Homenaje a Cataluña es un libro que merece la pena leer. Está claro que es la visión que tuvo Orwell de todo lo que pasaba a su alrededor. Sin embargo, a su lado me he dado cuenta de que hay muchas cosas que desconozco de la Guerra Civil. Orwell me ha enseñado algunas, con otras tendré que seguir haciendo los deberes.

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