Narrativa contemporánea

YO PUDE SALVAR A LORCA | Víctor Amela

Lacerado por la agonía y muerte del hombre que había sido mi abuelo, me invadió una pena negra, una tristeza que lo abarcaba a él, a mí, a mi madre, a la humanidad entera.
Sentí entonces que una vida así terminada era un fracaso, y que sólo el arte podía rescatarla de la derrota y del olvido, y por eso estoy escribiendo esta novela

Yo pude salvar a Lorca. No necesité más para interesarme por esta novela, con su título me bastaba. Federico García Lorca me ha llenado tanto en los últimos años que sólo su nombre ya es un reclamo para mí. Después leí la sinopsis, me interesé por la historia que guardaba el libro y vi una de esas señales que encuentras en el camino por algún motivo. Era un libro para mí, no tenía ninguna duda. He tardado un año en ponerme a leerlo y ahora sé que si lo hubiera hecho antes las piezas no hubieran encajado tan bien, porque hace unos meses no sabía datos familiares que ahora sí manejo y que increíblemente me acercan a Víctor Amela, a su abuelo Manuel, a su tío Josep. A las dos Españas que recitaba Machado.

Víctor Amela tenía once años el día que su abuelo materno, Manuel, le dijo “Yo pude salvar a Lorca”. Por aquel entonces el Víctor niño no entendió nada, sólo sabía que su abuelo era de Granada como Federico, pero no encontraba ninguna relación más. Ha tardado más de cuarenta años en tejer esta historia. La historia de su abuelo Manuel Bonilla, pastor de la Alpujarra que se hizo falangista en la guerra. Pasador clandestino de personas del bando republicano que corrían peligro en el bando nacional. Amigo de Luis Rosales, quién refugió a Lorca en sus últimos días de vida. Emigrante andaluz en una Barcelona llena de posibilidades. En un piso del extrarradio de la ciudad, en un barrio humilde, el barrio de la Trinidad. El mismo barrio en el que se conocieron mis abuelos siendo unos críos, donde crecieron y se enamoraron. Donde formaron una familia. El mismo barrio  en el que vivieron hasta poco antes de que yo naciera. Un barrio que yo visité de la mano de mi abuela años después. Pisos minúsculos llenos de recuerdos que no me pertenecen, pero que son parte de mi historia.
También es la historia de su tío Josep Amela, republicano superviviente de la Quinta del Biberón. Y, sobre todo, es un recorrido por los últimos años de Lorca, por sus amistades, su obra y su muerte. Un homenaje a todos ellos. Un homenaje a la Granada de Lorca. Un homenaje a la Barcelona de Víctor Amela y a la mía.

Escuché una entrevista que le hicieron a Víctor Amela a raíz de la publicación de la novela, en la que decía que todas las familias españolas tenemos una historia que contar, una historia que la guerra marcó y nunca sabes lo cierto que es hasta que empiezas a buscar y a preguntar. Amela se lamenta de alguna manera de no haber preguntado cuando tuvo la oportunidad, la semilla de la curiosidad germinó tras la muerte de su abuelo en 1990. A mí es algo que también me pesa, aunque mis circunstancias son diferentes porque yo era muy niña para hacer preguntas sobre guerras y muerte cuando mi bisabuela todavía vivía. Mi curiosidad llegó muchos años después y desde entonces no he dejado de buscar a mi bisabuelo F. Pensaba que esa era la gran historia de mi familia, su participación en la Segunda Guerra Mundial, su muerte y el paradero desconocido de su cuerpo. Pero no era así. Hace unos meses le pregunté a mi abuela sobre su familia de la que sé muy poco y descubrí que un tío suyo había sido de la Quinta del Biberón. Había muerto de un tiro en la cabeza y nunca se recuperó su cuerpo. Las dos Españas en mis manos, en mi familia, en mi historia. Llegados a este punto podría asumir como propio el inicio desgarrador de la última novela de Cristina Fallarás diciendo: “Me llamo Mónica y he salido a buscar a mis muertos“.
lorca

Yo pude salvar a Lorca ha sido una lectura emocionante, de las que remueven las entrañas. He conocido datos sobre Lorca que desconocía, he apuntado varias lecturas, me he interesado por otros personajes de la época que coincidieron con él en algún momento de su vida como Margarita Xirgu, Luis Rosales y Emilia Llanos, o simplemente se enamoraron de sus letras e hicieron cosas grandes como Agustín Penón. Víctor Amela ha sabido rellenar los huecos con situaciones que podrían haber tenido lugar y con diálogos que podrían perfectamente haberse producido, como los de esas noches que Lorca estuvo en casa de los Rosales y que te rompen un poco más el corazón al pensar que sí. Quizá sí podrían haber salvado a Federico García Lorca.

Estábamos los dos a solas en el minúsculo comedor.
En un pisito aluminósico, a principios de los años setenta.
Yo tenía once años. Leía.
Mi abuelo tenía sesenta y cinco años, y me miraba.
No hablábamos. Y aquella noche dijo una frase.
No le encontré sentido, pues mencionó un nombre que yo no podía relacionar en nada con aquel hombre que era mi abuelo, un nombre para mí tan distante y marmóreo como un busto de Calderón, Cervantes, Bécquer o cualquier otro muerto ilustre de mi manual escolar de Literatura.
Y por eso estoy escribiendo esta novela, porque mi abuelo dijo:
—Yo pude salvar a Lorca.

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*Marea publicó en el año 2004 el disco 28.000 puñaladas, una de sus canciones, Ciudad de los gitanos, es una versión del poema Romance de la Guardia Civil de Lorca.

Sentimental

OJALÁ ÉSTA FUERA NUESTRA HISTORIA DE AMOR | Andrea Longarela (Neïra)

Ésta es la historia de la sonrisa más bonita del mundo, de una nariz roja, de un tango en la playa, de una habitación convertida en hogar y de una casa perdida bajo la nieve.

Con Neïra siempre he sentido que conectaba. Hablo de esa clase de conexión que sientes como lectora con un escritor, con su manera de sentir y de plasmar en un par de líneas emociones que te hacen un nudo en las tripas. Lo hice por primera vez con una Oliva que me dejó emocionalmente exhausta y así ha sido hasta ahora. Hasta llegar a Lola.

Hace tiempo que dejé de creer en las casualidades, pero realmente no sé cómo llamar a esto, a la razón de que desde hace unos meses estén cayendo en mis manos historias tristes, historias con un tema en común. Quiero pensar que hay algún motivo, quizá hacerme ver que pase lo que pase la vida sigue girando, como un tiovivo del que no puedes bajar. Y es algo que da miedo y a la vez alivia. Lola tenía que llegar en este momento, así lo siento. La chica de la nariz roja tenía que acompañarme en un viaje relámpago a casa y debía conocer su historia en mi antigua habitación, con el aroma del hogar llenándome.

La historia de Lola no es fácil, es un salto al vacío para Neïra, un riego. No me atrevo a decir si es lo mejor que ha escrito hasta ahora, pero sí que ha sido la única que me ha dejado un sentimiento desconocido dentro del pecho. O quizá sea un vacío. El vacío que queda cuando se han llevado una parte de ti. La terminé y sólo tuve ganas de volver a empezarla, algo que no me suele pasar. He releído fragmentos, páginas enteras, diálogos y ha vuelto a ponerme la piel de gallina. La he vuelto a sentir.

ojalaestafueranuestrahistoriadeamor
Ojalá ésta fuera nuestra historia de amor es una historia sobre la vida, sobre los sueños, sobre los ‘ojalás’ que se quedan por cumplir, sobre el amor en el sentido más amplio de la palabra. Una historia que desconcertará a lectoras que esperen una novela romántica común, porque no es una historia romántica aunque esté publicada en un sello como Esencia, es otra cosa, otro tono. Es algo grande, hermoso e inolvidable. Mucho más sentimental.

Y es que… hay muchas clases de amor. Existen infinidad de formas de querer y todas, a su manera, te dejan sin aire. Ahora sé que también te ayudan a respirar.

Es un tópico decir que lo mejor para disfrutar de una historia es ir a ciegas, pero en este caso realmente es así. La magia de esta historia es acompañar a Lola cuando conozca al chico con la sonrisa bonita y al de las pecas. Es la complicidad con el chico de la tristeza infinita. Es el poder de una nariz roja que provoca sonrisas. Es bailar un tango en la playa aunque sea haciéndolo mal. Es una casa roja perdida bajo la nieve.

Es una chica. Un puñado de sueños. Un flechazo.
Es una historia de amor… O quizá no.

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No ficción

EL JARDÍN DE LA MEMORIA | Lea Vélez

Fue un otoño extraordinario. El otoño en el que tú me enseñaste a vivir y yo te enseñé a morir.

Pequé de una entereza y fortaleza que no poseo. Empecé a leer El jardín de la memoria sabiendo que el tema central era la enfermedad y muerte del marido de Lea Vélez. Cerré el libro, apagué la luz y no pude dormir. Di muchas vueltas en la cama. Una y otra vez. Es complicado leer un libro así cuando la enfermedad se ha colado por la ventana de tu casa y está en todos los rincones.

Descubrí este libro hace tiempo, pero no me animé a leerlo hasta que vi lo mucho que le había gustado a Lidia. Ya sabéis, lo que ella lee y me recomienda cae tarde o temprano. Lo cogí de la biblioteca en el mes de julio —solo se lo habían llevado cuatro personas antes—, leí las primeras páginas y lo dejé en mi mesilla de noche hasta hace pocos días. Volví a releer esas las primeras páginas y seguí adelante, pero me faltaban piezas. De Francesc Boix no sabía demasiado. Así que cuando Lea hablaba de Boix no sabía ubicarme. Entonces recordé que el año pasado había salido publicado un cómic sobre el fotógrafo de Mauthausen —es la parte positiva de vivir con un amante del cómic—, pero era domingo, la biblioteca estaba cerrada y necesitaba información ipso facto. Soy una ansias. Me quedaba Netflix, sabía que allí estaba la película de la directora Mar Targarona y, sino la había visto antes, era por Mario Casas. No me convenció su interpretación cosa que ya esperaba, pero me sirvió para hacerme una idea de una pequeña parte de la historia de Boix: el tiempo que estuvo en el Campo de concentración de Mauthausen.

Francesc era fotógrafo, sabía algo de alemán y acabó en el servicio de identificación del campo. Allí se documentaba gráficamente la entrada y salida de deportados. Los negativos de las fotos de las atrocidades que cometían los nazis estaban al alcance de sus manos y logró ocultar parte de ellos, en los que se mostraba la realidad de los campos. Tras la liberación fue testigo en los juicios de Núremberg. De los 20.000 negativos que fueron robados en el campo, unos 19.000 siguen hoy en día perdidos.
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Vi hace unos días una entrevista en la que Lea Vélez decía que El jardín de la memoria era un especie de álbum para guardar el amor. El amor que siente por su marido que va a morir en pocas semanas, el amor que siente por sus hijos que van a perder a su padre sin entender del todo por qué. Una recopilación escrita de recuerdos, para que no se pierda la esencia de los que ya no están. Para volver a ellos cuando echar de menos pesa demasiado. Pero Lea no sólo nos habla de Boix y de los últimos meses de vida de su marido, de ese duro trance, de todo el proceso que tienen que sobrellevar, también nos habla de su familia política (los Collinson) a través de los recuerdos de su marido y de un par de cajas de bombones llenas de cartas repletas de recuerdos.

Podría parecer que no tienen nada que ver, pero al final los tres bloques encajan perfectamente dando forma a un libro que habla de muchas cosas aunque la muerte, inevitablemente, planea en todas sus páginas. El jardín de la memoria es un libro complejo, creo que cualquier libro que hable sobre la muerte lo es, pero éste quizá lo es especialmente por la manera de la autora de encajar cada pieza, cada carta, cada recuerdo, cada emoción. Por la verdad que destilan sus palabras, el dolor y la luz, la entereza. El testimonio crudo de los últimos momentos de su marido, la trágica historia de los Collinson y la lucha de Francesc Boix.

Tres años después de aquel otoño extraordinario, me siento plena, sabiendo que ganamos y que había que contarlo. Para demostrar lo que digo, aquí está nuestra historia.

*Corrandes d’exili, la canción que acompaña a la entrada es un poema de Pere Quart, interpretada por Silvia Pérez Cruz, adaptando una versión que hizo anteriormente Lluís Llach. Es en catalán y habla de los republicanos que tuvieron que exiliarse al terminar la Guerra Civil. El vídeo son los créditos finales de la película El fotógrafo de Mauthausen.

*Sobre El fotógrafo de Mauthausen os recomiendo el cómic de Salva Rubio, es muy completo y al final hay un dossier histórico que es una pasada. Sólo por eso ya me parece maravilla pura. La película no está mal como primer acercamiento a la historia de Boix, pero se centra en Mauthausen y nada más. Al tener el mismo título uno se puede confundir pensando que el cómic es una adaptación de la película, pero nada que ver.

Vida

DONDE HABITAN LOS MONSTRUOS

He reescrito esta entrada varias veces en los últimos meses. En todas ellas hablaba del miedo y el dolor. Rescataba fragmentos de Rosa Montero y Elvira Sastre que en su momento no me calaron, supongo que porque los miedos no me acariciaban la espalda, ni se agarraban a mis dedos. Porque mi visión de la vida no era perfecta pero sí diferente al caos que bulle ahora en mi cabeza.

Hace cinco meses escuchaba Barefoot in the park mientras escribía una carta a algún rincón de la estepa rusa. Poco antes, en un impulso compré un libro en una librería de Almería y tuve en mis manos la versión más cercana de cómo había muerto mi bisabuelo. Aunque todavía haya piezas que no encajen del todo, aunque todavía no sepa dónde está su noble calavera*. Quizá nunca lo sepa con certeza, pero me sentía más cerca que nunca, podía hacer un círculo en el mapa que abarcaba menos territorio. Todo estaba a nuestro favor. Menos la vida. Un sentimiento de culpabilidad y tristeza lo llenó todo. Y volví a guardarlo en un cajón. Quizá esté así escrito, que nunca le encuentre y que con el paso de los años ya nadie le recuerde.

Solo un mes después recibía una noticia que me ha partido en dos. Ha sido un verano difícil e inestable. Un verano en el que mi equilibrio emocional ha ido dando tumbos. Me he sentido más perdida que nunca y todavía no he conseguido encontrarme. La insatisfacción y los miedos se han llevado todo por delante y, ni siquiera los libros que siempre han sido mi puerto seguro, han conseguido llevarme a flote. He leído poco y mal. Solo Laura Ferrero y sus piscinas vacías me ha mantenido en equilibrio unos días. Pero después, todo ha vuelto a irse a la mierda.

Hoy suena una vez más Barefoot in the park. No puedo escucharla sin emocionarme. Sin que la tristeza y la melancolía me muerdan donde más duele. Quizá estaba predestinada a convertirse en una canción para el tiempo y la distancia. Era de justicia que volviera a sonar aquí.

*Referencia a un poema de Miguel Hernández.

Canciones para el tiempo y la distancia

SOUNDTRACK | Próxima estación: final de trayecto

I am tired of punching in the wind,
I am tired of letting it all in
and I should eat you up and spit you right out.
I should not care but I don’t know how.

ORGANS
Beneath the skin (2015)

Hoy hace tres años que dejé mi hogar. El año pasado tenía una entrada preparada y nunca la publiqué. Ahora me arrepiento.

Aquel veintisiete de julio mi maleta estaba llena de miedos, unos miedos que yo sentía que me ahogaban, que me impedían disfrutar del momento, porque la realidad era que estaba dejando toda mi vida atrás. Lo que más quería. Hoy esos miedos campan a sus anchas por Villa Brandon, me quitan el sueño, se comen la luz. Qué puta ironía.

La idea de dejar todo por amor supongo que es muy romántico, pero para mí siempre ha sido un sacrificio. Subí al tren sabiendo que algún día me arrepentiría. Subí al tren sabiendo que era la mejor decisión que podía tomar. Así es la vida, supongo. Y, a pesar de todo, quiero recordar todo lo que sentí aquel día. Todo lo que hace un año plasmé en unas cuantas palabras y que hoy, al volver a leerlas, me erizan la piel. Me llenan de pena.

Hoy hace dos años de mi mudanza. A estas horas estaba en la estación de Valencia, a punto de subirme a un tren que me llevaba a una nueva vida.

Llevábamos seis años de relación, seis años sumando despedidas, deshaciendo maletas y haciendo de tripas corazón. Aprovechar la oportunidad de estar juntos era lo normal, el paso natural después de tanto tiempo, la prueba de fuego para comprobar si la cosa realmente funcionaba. Pero aún así me pilló desprevenida. Un día estábamos hablando de tonterías y el siguiente teníamos un piso alquilado. Y era lo que llevábamos esperando desde hacía mucho, pero aún así me rompió el corazón tomar la decisión. Estuve desde principios de julio hasta el día veintisiete hecha polvo porque la realidad es que no quería marcharme y, en cambio, dentro de mí sentía que mi vida ya no estaba allí, que me tocaba arriesgar. También era lo que se esperaba de mí, para que nos vamos a engañar.

Pocas veces he llorado con tanta pena como lo hice en aquella despedida. Lágrimas que me acompañaron todo el viaje en tren hasta llegar a Atocha, mientras Nanna Bryndís me cantaba al oído. El azar quiso que sonara en mi Ipod Organs, del último disco de Of monsters and men, un disco que había escuchando mil veces pero en ese momento se convirtió en la banda sonora de una despedida, de un viaje a un futuro incierto. Una frase de Organs, solo una frase, hizo que pensara en mis miedos, en esos miedos que me tenían durante todo el viaje con un nudo en la garganta. I should eat you up and spit you right out. Eso quería yo, escupir mis miedos, quitarme ese peso que me ahogaba. Cuando llegué a Atocha había escuchado Organs más de diez veces seguidas y se había convertido en una de mis canciones para el tiempo y la distancia.

Cuentos y relatos

PISCINAS VACÍAS | Laura Ferrero

Quiero contarte una historia de amor, la tuya. Aunque sabrás supongo, que no todas las historias de amor acaban bien.

Estoy atravesando una época en la que me cuesta leer y, lo poco que leo, no me provoca ningún tipo de sentimiento. Y es desesperante tener ganas de leer y que las palabras no te llenen, ni te emocionen. Ni siquiera te hagan sonreír. Por eso decidí probar con los relatos, un género que no es de mi favoritos, pero que ahora mismo está siendo mi tabla de salvación.

Sigo desde hace mucho tiempo a Laura Ferrero en Instagram y siempre sabe llegar a mi. Espero con ganas sus nuevas publicaciones, porque sin exagerar ni pizca, es una de las mejores cuentas que podéis encontrar en una red social que, a día de hoy, se ha convertido en un escaparate comercial que empiezo a detestar.

Me costó muchísimo encontrar sus Piscinas vacías. Meses buscando en varias librerías de Madrid y Valencia. Incluso fui expresamente una tarde a la Feria del libro de Madrid pensando que en la caseta de la editorial estaría y… tampoco. Agotado. Al final lo encontré en una librería cerca de Sol, cuando ya lo daba por perdido, cuando estaba a punto de irme a casa con las manos vacías, cuando faltaban cinco minutos para que cerraran los comercios. Mr. Brandon me dijo “vamos a mirar aquí” y allí estaba, un poco escondido, esperándome.

Los relatos que componen este primer libro de Laura son muy crudos y llenos de tristeza. Es un libro para saborear, no para leer del tirón. Para sentir cada pequeña historia, dedicarles su momento, pensarlas y guardar frases que calan hondo. Frases que para mí ya tiene la marca Laura Ferrero. La reconozco en ellas, veo a esa Laura de Instagram. Esa Laura que me envuelve.

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Miras atrás y tardas tiempo en entender el dolor. Porque el dolor cambia pero no desaparece. Adquiere nuevas formas, ocupa distintos lugares.

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En la vida pasan muchos trenes y coger el primero por impaciencia, por no saber esperar, hace que lleguemos a las estaciones incorrectas. A las estaciones donde no te espera más que lo que no te esperabas de ti.

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Ahora pienso que desde que no estás llueve muy a menudo. Y las cicatrices me vuelven a recordar que donde ahora hay piel un día hubo herida, puntos, vendas y sangre. Me vuelven a recordar que dolía.

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Ella me enseñó a no guardar trastos inútiles, pero no me dijo qué había que hacer con las decisiones torcidas del corazón. Con los sentimientos equivocados. Me contó de niño que escoger un camino significaba dejar de tomar todos los demás. Yo la creí.

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La piel, dicen, acumula el dolor.

¿Por qué surge el amor? La mayoría de relatos que componen Piscinas vacías nacieron como una posible respuesta a esa pregunta. Una pregunta que surge de un poema de Anne Carson. Un poema que tiene mucho peso en el libro. Pero decir que estos relatos hablan simplemente de amor sería quedarse en la superficie, en una pequeña toma de contacto. Hablan del amor idealizado, de la complejidad de las relaciones humanas, pero también del dolor y la muerte.

No llega la mañana.
Solo quiero hablar contigo.
¿Por qué surge el amor?
Y entonces me hice viejo, vino la muerte y escribí esto.
Ten cuidado, es agudo como el mundo.

ANNE CARSON

Es difícil valorar un libro de relatos, siempre hay algunos que te gustan más que otros. Unos que marcas con lápiz para volver a leerlos con el tiempo, otros que posiblemente olvidarás con el paso de los días. Pero os puedo asegurar que si os gusta la Laura de Instagram, la Laura que lanza al mundo pedacitos de vida, os gustará la Laura de Piscinas vacías. A pesar de la crudeza, de la tristeza, del puñetazo de realidad que impregnan sus páginas. Merece la pena. Pero tened cuidado, es agudo como el mundo.

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Narrativa contemporánea

LA INSOPORTABLE LEVEDAD DEL SER | Milan Kundera

Siempre he pensado que hay libros que deben leerse una vez en la vida. O al menos intentarlo. Quizá porque me gusta ponerme pequeños retos como lectora, salir de mi zona de confort, perderme entre letras que me aporten cosas nuevas. La insoportable levedad del ser es uno de esos libros.

Mi primer acercamiento no fue demasiado bueno. Lo empecé a leer hace siete años, terminé la primera parte y lo abandoné sin miramientos. Hoy sé que no tenía la madurez lectora suficiente para embarcarme en una lectura así. Leer este libro siempre fue una asignatura pendiente, después de abandonarlo me quedé con la espinita clavada. Y fue gracias a leer Siempre el mismo día de David Nicholls cuando me animé, por fin, a darle una segunda oportunidad a Kundera.

El libro de David Nicholls fue uno de los que metí en la maleta cuando estuve en Semana Santa en casa. Siempre que voy vuelvo cargada con algún libro de los que me dejé allí, en mi habitación, acumulando polvo. Emma, la protagonista de la historia, lee, lee mucho y la novela está plagada de referencias. Tanto es así que me hice una lista, #loslibrosdeEmmaMorley, y el primero que apunté en el papel fue La insoportable levedad del ser. (También entra en mi lista de #librosde1984). Me temo que siempre seré la niña de las listas interminables de libros.

Terminé la historia de Emma y Dexter con un nudo en el pecho —a pesar de conocer de antemano el desenlace— y me lancé con Tomás y Teresa (y con Sabina y con Franz). El libro de Milan Kundera no es sencillo, creo que es un libro para leer poco a poco. Para subrayar, releer y sentir. Habla de muchas cosas: del amor, de la familia, de las traiciones, de la muerte, de los celos, de las debilidades… todo ello aderezado con reflexiones filosóficas que te hacen pensar en tu propia vida, en tu propia existencia. Yo lo leí a sorbitos, por las noches, antes de dormir y fue una lectura diferente, creo que ese plus de concentración que requiere la historia fue algo que me enganchó como una droga, porque días después de terminarlo lo echaba de menos. Echaba de menos que Kundera me soltara una de sus parrafadas filosóficas antes de irme a dormir y me dejara cavilando hasta la noche siguiente. Que se metiera en mi cabeza y escarbara hasta hacer relucir partes que desconocía de mí. Pensamientos que estaban ahí y yo ni siquiera sabía. La magia de los libros, una vez más.

No puedo hablar mucho más de La insoportable levedad de ser, es difícil hacerlo de un libro como este. No sé como abordarlo. Es complicado sin estropearlo demasiado. Así que dejo para el recuerdo un puñado de frases que marqué durante la lectura y a Beethoven. Que la música nunca falte.

levedad

comillasyellow

El hombre lo vive todo a la primera y sin preparación. Como si un actor representase su obra sin ningún tipo de ensayo. Pero ¿qué valor puede tener la vida si el primer ensayo para vivir es ya la vida misma? Por eso la vida parece un boceto. Pero ni siquiera boceto es la palabra precisa, porque un boceto es siempre un borrador de algo, la preparación para un cuadro, mientras que el boceto que es nuestra vida es un boceto para nada, un borrador sin cuadro.

comillasyellow

¿Me ama?, ¿ha amado a alguien más que a mí?, ¿me ama más de lo que yo le amo a él? Es posible que todas estas preguntas que inquieren acerca del amor, que lo miden, lo analizan, lo investigan, lo interrogan, también lo destruyan antes de que pueda germinar. Es posible que no seamos capaces de amar precisamente porque deseamos ser amados, porque queremos que el otro nos dé algo (amor), en lugar de aproximarnos a él sin exigencias y querer sólo su mera presencia.

comillasyellow
—¿Y por qué no utilizas nunca tu fuerza contra mí?
—Porque amar significa renunciar a la fuerza.

comillasyellow

La verdadera bondad del hombre sólo puede manifestarse con absoluta limpieza y libertad en relación con quien no representa fuerza alguna. La verdadera prueba de la moralidad de la humanidad, la más honda (situada a tal profundidad que escapa a nuestra percepción), radica en su relación con aquéllos que están a su merced: los animales.

comillasyellow

Allí donde habla el corazón es de mala educación que la razón lo contradiga.

comillasyellow

El vértigo es algo diferente del miedo a la caída. El vértigo significa que la profundidad que se abre ante nosotros nos atrae, nos seduce, despierta en nosotros el deseo de caer, del cual nos defendemos espantados.