Vida

BAREFOOT IN THE PARK

Hoy Locked in verses cumple un año. En realidad el aniversario de su creación fue hace unos días, pero hoy hace un año que lo lancé al mundo con aquella primera reseña de Charlotte.

Os confieso que empecé este blog con una pizca de miedo, pero también con ilusión y con el convencimiento de que este rincón sería mucho más especial y que iría mucho mejor que el anterior. Supongo que en esto último pequé de optimista, le echaremos las culpas a mis ganas y a esa ilusión de la que os hablaba. Lo cierto es que sí, es un sitio mucho más especial, así lo siento yo, pero no va mucho mejor que el anterior. Lo cierto es que si hablamos de estadísticas va rematadamente mal. Y no os voy a mentir, es algo que me ha frustrado en algún momento durante este año. He llegado a pensar que Locked in verses no merecía la pena. Pero después de tener pensamientos turbios, encendía el portátil, tecleaba en una nueva entrada y disfrutaba tanto que me olvidaba de todo lo demás.

Supongo que el problema radica en que había dejado un blog que tenía trescientos seguidores, que soy consciente de que es una cifra irrisoria comparada con lo que se suele manejar en la blogosfera, pero yo lo sentía como una verdadera hazaña. La primera semana de vida ya había alcanzado el número que he logrado aquí en un año. Pero luego pienso en la desilusión y el desencanto que me proporcionó todo aquello y claro, virgencita que me quede como estoy. He tardado tiempo en comprenderlo, pero ahora no cambio la libertad y la tranquilidad que siento aquí por aquello, aunque wordpress a veces me lleve por el camino de la amargura.

En fin, pretendía hacer un resumen de lo que ha supuesto este año y ya veis que han sido meses de altibajos. Pero lo que os puedo decir con total seguridad es que en ningún momento he pensado en cerrar el chiringuito. Escribir aquí me hace feliz, es mi pequeño baúl de recuerdos, lleno de canciones, libros y experiencias. Escribir aquí es como caminar descalza sobre la hierba fresca. O como mojarme los pies en la orilla del mar. Es paz.

Hace unas semanas mi amiga Lidia preguntaba en Instagram cuál era nuestro refugio y yo inmediatamente pensé en los libros y la música. Pero después de una noche dándole vueltas al tema me di cuenta de que mi refugio es Locked in verses. Aquí guardo todo lo que me hace sentir en carne viva. Todo lo que me llena.

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Romántica Contemporánea

MIENTES TAN BIEN | Audrey Ferrer

Las guerras contra las mentiras que uno se cuenta están abocadas a rendirse en los labios ajenos.

Audrey Ferrer llegó cuando más la necesitaba. Cuando estaba mentalmente agotada de guerras, dolor y sangre. Llegó con una historia romántica contemporánea que podría haber sido una más en otras manos, pero que ella ha dotado de encanto.

Nunca un puñado de mentiras encerraron una historia tan bonita. La de un actor de teatro con miedo escénico, sonrisa canalla y versos de Lorca. La de una chica con gasolina en vena, que se refugia entre letras y tiene el miedo anidando en el pecho. Es la historia de Matías y Tessa. Pero también la de Sonia, Rodrigo, Luis y Ben. Es una historia donde se respira la magia del teatro clásico de Lorca, Shakespeare o Calderón de la Barca. Donde los pensamientos son versos susurrados al aire y el sentimiento de cada palabra te eriza la piel.

Pero Mientes tan bien no solo es eso. También se habla de temas complicados que la autora trata con delicadeza y sensibilidad. Se habla de amor, del amor limpio, que sana y reconforta. Del amor que duele y anula, del mal querer. Se habla de la familia, la de sangre y la que eliges. Se habla del miedo y de las mentiras. De silencios que gritan necesitando ser escuchados. Y de personas imperfectas que encuentran la horma de su zapato.

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Si algo me ha cautivado de esta historia ha sido la prosa de la autora, casi como si te recitara versos al oído. No sé si es su forma habitual de escribir o era lo que esta historia le pedía, pero ha sido precioso y diferente. Una voz distinta cuando ya todo suena igual. Un soplo de aire fresco cuando el agobio te engulle. Hacía muchísimo tiempo que una autora de romántica no me dejaba este sabor tan dulce en la boca.

La semana que viene me esperan horas de tren y soledad en las que tengo intención de leer Nuestros mejores momentos, la anterior (y primera) novela de la autora. Os contaré pronto si el viaje ha sido tan especial como este. Pero alguien que juega con las palabras con esta maestría me cuesta creer que no tenga un don innato.

A veces es necesario llegar a un lugar en el que nadie te conoce para poder empezar a ser tú mismo. Y encontrar en la persona a la que abandonarse porque sabe arroparte a pesar de tus ruinas.

Vida

CARTA A ALGÚN RINCÓN DE RUSIA

En un lugar de La Mancha, 11 de abril de 2019

Querido F.,

Dentro de poco hace setenta y ocho años que cogiste aquel primer tren que te llevaría a un lugar del que no regresarías jamás. A veces pienso que en el fondo sabías que ese era tu destino otras, en cambio, pienso que fuisteis tan engañados que realmente pensabais que era cosa de dos días, y cuando la nieve empezó a teñirse de sangre y pólvora ya no hubo vuelta atrás. Llegó el miedo, el arrepentimiento y la resignación.

Me duele confesarte que durante mucho tiempo no entendí tus motivaciones y las juzgué. Te juzgué a ti sin merecerlo. Qué fácil era hacerlo desde mi sitio privilegiado de niña de los años 80. Cuando la dictadura, la escasez y las privaciones solo se conocían a través de los libros de texto y las conversaciones en familia. Fui muy injusta porque yo viví el después, la tristeza y el vacío que dejó tu ausencia y el horror que dejó a su paso aquella guerra que no era tuya. Puede que hoy siga sin entender que te impulsó a embarcarte en ella, quizá nunca lo entienda, pero ya no te juzgo. No tengo ningún derecho a hacerlo y me duele ser capaz siquiera de intentarlo.

He tenido la oportunidad de conocerte. Te he conocido a través de cartas. Las tuyas con letra irregular y borrosa a consecuencia del frío de la estepa rusa. Con las palabras garabateadas en trozos de papel amarillento de tu madre y hermanas. Te he conocido a través de los ojos brillantes y llenos de amor de tu esposa. Supongo que lo sabes, pero te quiso mucho. Te amó durante toda su vida, siempre te tuvo presente y no dejó que tu recuerdo se perdiera. Gracias a ella yo siempre supe que ese chico tan guapo de la foto sepia eras tú y que habías muerto en la guerra. Por aquel entonces era muy pequeña para comprender lo ocurrido, ni siquiera sabía qué era una guerra, pero me sentía orgullosa de ser una pequeña parte tuya. Con el tiempo empecé a estudiar y a leer sobre aquella guerra. Te sorprendería los ríos de tinta que han corrido, lo mucho que se ha escrito y todo lo que se desconoce y se va descubriendo poco a poco. Fue cruel, inhumano y horrible. Quiero pensar que no teníais ni idea de la magnitud de lo que estaba pasando a vuestro alrededor. Hay testimonios de compañeros tuyos que lo atestiguan, pero se han dicho tantas cosas que yo solo podría creer en tu palabra.

Empecé a seguir tus pasos, a comprar libros, a escribirme con desconocidos que pudieran darme alguna pista. Recuerdo especialmente a un chico de Valencia que buscaba a su tío abuelo, curiosamente había estado en el mismo batallón que tú, imaginé que quizá habíais compartido algunas palabras.
Dolió demasiado desenterrar algo que ninguno de nosotros había vivido, pero había marcado de alguna manera nuestra vida. Lo hice por ella, aunque ya no esté, sé que le haría muy feliz. Siempre quiso encontrarte. Lo hice por ti, quiero pensar que también serías feliz sabiendo que te cayó en gracia una bisnieta tan majara como para buscarte después de casi ochenta años.

¿Es posible querer a alguien que nunca has visto? Hoy sé que sí. Te quiero, de una manera extraña y singular, pero no por ello menos real. He reconstruido tu esencia a partir de todo lo que he recopilado los últimos cinco años y no ha sido fácil, de los que te conocieron solo queda una persona con vida y es tan mayor que a veces ni siquiera me reconoce a mi.
Sé que eras alegre, noble, honrado y que siempre tenías una sonrisa en la cara. Que te gustaba cantar tangos, tanto que incluso lo hiciste en el frente para animar a tus compañeros cuando las cosas se ponían muy jodidas. Sé también que eras valiente y terco, que siempre luchaste por tus ideales. Que a pesar del frío extremo, el hambre y todas las penurias de la guerra, lo único que querías en Navidad era una fotografía. No sé si el paquete llegó demasiado tarde, pero ella te mandó ropa de abrigo, comida, tabaco, todo lo que pudo. Sé que tu único pensamiento siempre fue volver a casa y empezar de cero. Te daba igual dejar tu tierra bañada de sol y mar, solo querías estar con ellos, con esa familia que habías construido un par de meses antes de subirte a aquel dichoso tren. Eran planes preciosos que cuando leí de tu puño y letra me emocionaron. He llorado mucho en el camino, mientras encajaba piezas, apuntaba fechas y leía cartas. Sigo haciéndolo mientras escribo esto. Creo que nunca dejaré de hacerlo al pensar en ti.

Hace un par de días descubrí cómo habías muerto, tenía una ligera idea, pero saberlo con tanta exactitud ha sido doloroso. Lo leí en un libro que compré por impulso y ahí estabas, en una página, al lado de una fotografía. Llevo varios días revuelta, como ida, no puedo quitarte de mi cabeza. Es una sensación muy extraña que me acompaña desde entonces. Mi cuerpo vive en 2019 pero la mente sigue anclada en 1941. Cómo si hubiera una pequeña posibilidad de convertirme en una superheroína y salvarte. Cómo si fuera posible viajar al pasado, a aquella noche de diciembre y pudiera pegarte tirones en la ropa para que te quedaras quieto, a mi lado y no salieras de la trinchera. Pero lo hiciste, te ofreciste voluntario y lo que ocurrió después lo sabes mejor que nadie.

No quiero ponerme triste, quiero quedarme con los regalos que sin saberlo me dejaste a través del tiempo. Me habéis enseñado a creer en el amor. Los dos. En ese amor eterno, capaz de superar todos los obstáculos inimaginables. Lo vi en sus ojos llenos de luz y pena al hablar de ti. Lo sentí en tus palabras cariñosas y llenas de sueños. Y, sobre todas las cosas, me dejaste a mi abuelo. El único padre que realmente tengo.

Sé que ya no importa, pero quiero que sepas que no mereció la pena, ni siquiera para los que sobrevivieron. Os fuisteis como auténticos héroes y cuando volvieron la realidad fue muy diferente. Se habla de desprecio y olvido. De promesas que nunca se cumplieron. Puede que no fuerais héroes, pero tampoco fuisteis villanos. Solo erais un puñado de chicos arrastrados por unas circunstancias que no conocemos y por una vida que no tiene nada que ver con la nuestra.

Me quedan muchas cosas por contarte, podría escribirte cada día durante años y siempre me dejaría cosas en el tintero, pero quiero pensar que siempre has estado con nosotros. Tiene que ser así, lo contrario me cuesta aceptarlo. Mi mayor ilusión sería traerte a casa para que por fin volváis a estar juntos, pero soy consciente de que no lo voy a poder hacer y lo siento mucho. Tanto que me parte el corazón.

Siempre te llevo conmigo.
Mónica

No ficción

HOMENAJE A CATALUÑA | George Orwell

Ninguna persona sensata podía suponer que hubiera alguna esperanza de democracia, ni siquiera como la entendemos en Inglaterra o en Francia, en un país tan dividido y exhausto como lo sería España al concluir la guerra. Se acabaría imponiendo una dictadura y, evidentemente, la posibilidad de una dictadura proletaria había pasado.

El lunes se cumplieron ochenta años del fin de la Guerra Civil española. Esa noche, antes de irme a dormir, puse la tele un rato. Es algo que suelo hacer porque me relaja verla unos minutos. Haciendo zapping caí en un canal en el que estaban dando el documental España dividida: La Guerra Civil en color. Un documental de casi tres horas de duración —tres capítulos de 44 minutos cada uno—, que si os interesa el tema os recomiendo de veáis. Al final me fui a dormir a las tantas, porque no era capaz de apagar la tele sin terminar de verlo. Y la mañana siguiente ya estaba haciendo un lista con de libros que quería leer, recuperando títulos que hacía siglos que tenía en mente y agregando otros nuevos que iban surgiendo sobre la marcha. Había pasado mucho tiempo desde que leí un libro ambientado en la Guerra Civil y el documental me había llenado de ganas.

George Orwell es mundialmente conocido por ser el autor de 1984 y Rebelión en la granja, pero mucha gente desconoce que antes de escribir los libros que le llevarían a la fama participó en la Guerra Civil. En Homenaje a Cataluña Orwell relata en primera persona su paso por la guerra en España. Llega a Barcelona en diciembre de 1936 para trabajar como periodista, pero seducido por la atmósfera revolucionaria de Barcelona termina en las milicias del POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista). Era tal el desconocimiento que había desde fuera de España sobre la guerra que estaba teniendo lugar, que su único fin para involucrarse en ella era luchar contra el fascismo. Con el paso del tiempo Orwell empezó a entender en qué clase de guerra estaba inmerso y las diferencias entre los partidos políticos enfrentados en ella.

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Orwell estuvo en el frente de Aragón, desde enero hasta principios de mayo de 1937, fue testigo directo de los hechos de mayo en Barcelona —donde quedó patente la desunión dentro del bando republicano— y posteriormente volvió al frente donde fue herido de bala en el cuello. A su vuelta a la ciudad condal descubre que tras lo acontecido en los hechos de mayo, el POUM es acusado de traición y espionaje. Orwell deberá huir de España. Haber luchado en la milicia del POUM bastaba para terminar en la cárcel. Antes de que la Guerra Civil llegara a su fin, George Orwell ya había escrito Homenaje a Cataluña y su percepción de como acabaría todo no pudo ser más acertada.

Siempre es interesante tener la oportunidad de conocer las experiencias de alguien que formó parte del conflicto. Todavía lo es más si es alguien de fuera. Hay partes que ponen los pelos de punta, como cuando habla de las condiciones de los milicianos en el frente. Otras que te saca sonrisas, cuando se sorprende por la forma de ser de los españoles. Homenaje a Cataluña es un libro que merece la pena leer. Está claro que es la visión que tuvo Orwell de todo lo que pasaba a su alrededor. Sin embargo, a su lado me he dado cuenta de que hay muchas cosas que desconozco de la Guerra Civil. Orwell me ha enseñado algunas, con otras tendré que seguir haciendo los deberes.

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Narrativa contemporánea

GOLPÉATE EL CORAZÓN | Amélie Nothomb

Golpéate el corazón,
ahí es donde reside el genio.

ALFRED DE MUSSET

Tengo una relación amor-odio con los libros de Amélie Nothomb. O me flipan —como Ni de Eva ni de Adán— o se me hacen bola —como Biografía del hambre—. Todo lo que había leído de Amélie era autobiográfico, no había reparado en ello hasta anoche. Quizá porque ninguna de sus novelas llamaba suficiente mi atención, y despertaba más mi curiosidad descubrir Japón a través de su mirada excéntrica y peculiar. Pero todo esto cambió cuando a principios de mes leí la sinopsis de Golpéate el corazón, su nueva novela traducida al español. Una historia de madres e hijas.

Con el tiempo me he dado cuenta que es un tema que me interesa cada vez más en la literatura. El pistoletazo de salida fue Nada se opone a la noche de Delphine de Vigan, una historia que la autora dedica a la figura de su madre a raíz del fallecimiento de ésta. Me encantó, a pesar de la tristeza y la oscuridad que desprenden sus páginas. Es uno de mis libros favoritos.

Empecé a leer Golpéate el corazón con un poco de miedo, con Amélie nunca sé qué esperar. Su cabeza es impredecible. Y me enganchó desde la primera línea, algo que me ha pasado con muy pocas historias. Marie me enredó en su tela de araña. Marie, una joven belleza que disfruta siendo el centro de atención, hasta que se queda embarazada del chico más apuesto de la ciudad y acaba casándose precipitadamente, cortando de raíz la vida que había tenido hasta ese momento y de la que tanto gozaba.

Su hija Diane crecerá sin el afecto materno. Sin abrazos y sin besos, pero rodeada de celos y envidias. Su niñez estará marcada por la incomprensión y el dolor por la actitud de su madre. Una actitud totalmente diferente a la que tendrá en el futuro con sus hermanos. Diane se refugiará en los libros y en el calor de sus abuelos. Y acabará siendo una brillante estudiante de cardiología, impulsada por el impacto que tuvo en ella el verso de un poema del francés Alfred de Musset. «Golpéate el corazón, ahí es donde reside el genio».

Home is where it hurts.

En la universidad conocerá a la profesora Olivia Aubusson con la que fraguará una singular amistad. En Olivia reconocerá esa figura materna que tanto ha ansiado, que tanto ha necesitado. Pero conforme vayan estrechando lazos empezará a cuestionarse todo lo que creía saber sobre su madre y su sentir hacía ella.

He leído cinco libros de Amélie Nothomb y sin dudarlo es el que más me ha gustado. Y posiblemente no sea lo mejor que ha escrito, es probable que mi entusiasmo ni siquiera sea por la historia en sí, pero para mí es una de esas historias que tienen algo que se queda contigo después de leerla. En este caso me llevo un verso de un poema y un sentimiento. Tanto es así que un tatuaje que tengo en mente desde hace tiempo ha mutado tras leer la historia de Diane. No será este año, tampoco el que viene, no sé cuando llegará el momento, pero algún día la tinta dibujará en mi brazo un corazón anatómico, unas flores y un Golpéate el corazón.

brokenhearts
Canciones para el tiempo y la distancia

SOUNDTRACK | Cómo generar incendios de nieve con una lupa enfocando a la luna

El pasado domingo, 1999 (o cómo generar incendios de nieve con una lupa enfocando a la luna), el sexto disco de Love of Lesbian, cumplió diez años. Fue inevitable la nostalgia, recordar momentos, volver a disfrutar de las canciones de uno de los discos de mi vida.

2009 para mí fue un año de inflexión. Había cerrado la puerta en las narices al amor. Escribía mucho en un blog que ya no existe. Disfruté del mar de Almería sin saber que lo echaría de menos durante casi una década (y sumando). Seguía trabajando en algo que no me llenaba, pero me aportaba tranquilidad. Mis padres se separaron. Empecé a escuchar a Vetusta Morla, Anni B Sweet y Love of Lesbian. Canciones que con el tiempo formarían parte de la banda sonora de mi vida.

1999 es un disco que cuenta la historia de una relación. La mayoría de las canciones que lo componen son temazos. Allí donde solíamos gritar, Club de fans de John Boy, Incendios de nieve, Segundo Asalto, 1999… Pero si a eso le sumamos el talento de Lyona y la maravilla de videoclips y fotografías que hizo (con Marina Francisco y Carlos Torres), convierten un puñado de canciones en un disco único. Inolvidable. Imperecedero.

1999

Donde diablos estés. Por fin me atrevo a resumir aquel año. Cuando queríamos romper ventanas… y lo hacíamos. Donde diablos estés. Si lo escuchas. No te lo tomes a mal. Todo está pasado por el filtro del tiempo y mi imaginación tramposa. Si te preguntas “¿se ha atrevido a hablar de él y de mí?” observa la cifra y considérate contestada. No incluyo nombres en ningún caso. Únicamente lo sabrás tú, que, en cierta manera, es lo que pretendía. Una broma desde la distancia. 1999. El año del supuesto fin del mundo… en cierta manera… sí… el fin de ti y de mí… algo definible como un pequeño mundo infranqueable para el resto. Y como extrañas plantas, crecíamos más cuando menos agua y luz existían a nuestro alrededor. ¿Cómo podíamos pretender gustar al resto? Nos conocimos sin raíces, andamos un tiempo juntos, sin raíces… en algunos momentos tuve la sensación de que cada uno de nosotros arraigó en el otro. Pero, de cualquiera manera, ya era demasiado tarde para nosotros. ¿Cómo podían asentarse en tierra dos seres tan volátiles? Así que cada uno siguió el camino que le correspondía, y no hay nada más que decir. Hoy iré tarde a dormir. Te informo. Me imagino que mañana te levantarás temprano.

1999 para mí es mi primer abril en Madrid, el olor de sus calles y de la lluvia. Aquellos besos desesperados por la despedida. Un concierto de madrugada con una sudadera de Star Wars. Viajes en tren y tardes en Alcalá comprando libros. Escribir parrafadas que con el tiempo desaparecerán. Empezar de cero con la canción más triste a cuestas. Una pizca de autoestima cuando todo falla. Sonrisas encerradas en algún cajón. Lo que iba a ser y al final fue totalmente distinto. Volver por un rato allí, donde solíamos sentir.

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Romántica Contemporánea

IMPOSIBLE CANCIÓN DE AMOR | Abril Camino

Le dije que sí porque supe que era lo que necesitaba oír. Pero lo que callé fue una aplastante realidad que teníamos sobre nosotros desde el primer momento: para que las cosas fueran más sencillas, tendría que ocurrir algo horrible; algo que ninguno de los dos desearíamos que ocurriera jamás.

Extremoduro. Esa es la principal razón que tuve para leer la nueva novela de Abril Camino. Saber que un grupo de música que me ha dado tanto era importante en esta historia. Que sonarían sus canciones en cada rincón, en momentos tristes y también bonitos. Que Roberto Iniesta, con esa voz que siempre me ha tenido enamorada perdida, acompañaría a una historia que podría gustarme más o menos, pero que inevitablemente relacionaría con sus canciones. Dulce introducción al caos siempre la he sentido muy mía, entre sus notas se quedó aquella Mónica triste que hacía reír y hoy sé que también es el inicio de la historia de Ada y Hugo. Una historia que es probable que sea la mejor que ha escrito Abril Camino hasta la fecha, aunque a mí me ha faltado ese algo que siempre busco para considerar que una historia es perfecta. Cuando se trata de sentir es el corazón el que manda y esta historia tenía todas las papeletas para dejarme hecha un trapo. Al final no ha sido así, no es que me haya quedado igual, porque cuando un libro te hace sentir algo cambia dentro de ti. Pero no he sentido el pellizco en el corazón. Y yo soy muy de pellizcos. La culpa es muy probable que sea mía, de mi predisposición y de todo lo que bulle en mi cabeza.

Ada y Hugo se conocen en el último año de universidad en Madrid. Ada tiene muy claro lo que quiere en la vida. Quiere viajar todo lo que pueda, vivir en todas las ciudades que estén a su alcance. Volar. Solo hay una persona por la que sería capaz de dejar sus sueños a un lado y ese es Hugo. El chico alegre que con una simple sonrisa es capaz de iluminarlo todo. No esperaban enamorarse, lo suyo no iba de eso, querían pasárselo bien, disfrutar de la vida, pero los sentimientos empezaron a llenarlo todo. Hasta que a Ada le surge una oportunidad laboral y deja Madrid. Y también a Hugo.

Han pasado diez años cuando Ada vuelve a establecerse en Madrid. Durante la última década ha cumplido su sueño de recorrer el mundo. Ha vivido en infinidad de ciudades y ha conocido todos los países que ha podido. Pero ahora su hermana Cloe la necesita y  Ada decide dejar su vida nómada para arroparla. Para salir adelante juntas.

Ada y Hugo se vuelven a encontrar y todo se tambalea. Desde que se separaron cuando eran unos veinteañeros llenos de sueños, no han vuelto a tener ningún tipo de contacto. Ada pronto percibe que Hugo ya no es el Hugo que ella conoció, no sabe qué le puede haber pasado en esos años, pero ha perdido la sonrisa, el brillo de sus ojos verdes. Su luz. Aquel chico luminoso de sonrisa perenne ha desaparecido, dando paso a un hombre triste y gris. Estando tan cerca no pueden evitar revivir sentimientos que creían muertos y sentir otros nuevos. Vuelven a enamorarse como dos chiquillos. Pero su historia, una vez más, no ha llegado en el momento adecuado.

La vida de Hugo no es fácil, no lo ha sido en los últimos años. Sostiene un peso sobre sus hombros enorme, doloroso. Un peso que por momentos le ahoga y le engulle. Dentro de tanta oscuridad lo único que lo mantiene cuerdo es Ada, su Ada. Aquella chica llena de sueños que lo volvió loco cuando tenía veintitrés años. Aquella chica a la que no quiso cortar las alas aunque él se quedara destrozado. Ahora ha vuelto a su vida convertida en una mujer increíble, regalándole pequeños instantes de una felicidad que creía completamente perdida. Que sentía que ya no le correspondía.

Imposible canción de amor cuenta una historia de amor complicada. Llena de mucho dolor y sufrimiento, de momentos de querer liarte a puñetazos con cualquier pared por lo puta que es la vida. Pero también de amor, de un amor puro y real. Quizá sea lo que más me ha gustado, que tanto a Hugo como a Ada me los he creído. Sus sentimientos, sus decisiones, sus renuncias. Todo ha sido muy real. Me he creído ese amor que surge en el momento menos adecuado. Ese amor que consuela y arropa, que sana y enseña. Ese amor capaz de hacer frente al revés más grande de sus vidas.

Había escuchado La canción más triste muchas veces, infinidad de veces. Por puro placer y disfrute, por escuchar la voz de Robe que siempre me pone la piel de gallina. Pero no tenía historia. Escucho canciones y es imposible no relacionarlas con momentos, con vivencias, con sentimientos. Con esta todavía no había llegado el momento. Hasta hoy. La canción más triste para mí es la imposible canción de amor de Ada y Hugo. Son ellos y creo que seguirá siendo así durante mucho tiempo. Cuando terminas un libro y la historia sigue dando vueltas en tu cabeza, es que la autora ha hecho algo bien.

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