Canciones para el tiempo y la distancia

SOUNDTRACK | Cómo generar incendios de nieve con una lupa enfocando a la luna

El pasado domingo, 1999 (o cómo generar incendios de nieve con una lupa enfocando a la luna), el sexto disco de Love of Lesbian, cumplió diez años. Fue inevitable la nostalgia, recordar momentos, volver a disfrutar de las canciones de uno de los discos de mi vida.

2009 para mí fue un año de inflexión. Había cerrado la puerta en las narices al amor. Escribía mucho en un blog que ya no existe. Disfruté del mar de Almería sin saber que lo echaría de menos durante casi una década (y sumando). Seguía trabajando en algo que no me llenaba, pero me aportaba tranquilidad. Mis padres se separaron. Empecé a escuchar a Vetusta Morla, Anni B Sweet y Love of Lesbian. Canciones que con el tiempo formarían parte de la banda sonora de mi vida.

1999 es un disco que cuenta la historia de una relación. La mayoría de las canciones que lo componen son temazos. Allí donde solíamos gritar, Club de fans de John Boy, Incendios de nieve, Segundo Asalto, 1999… Pero si a eso le sumamos el talento de Lyona y la maravilla de videoclips y fotografías que hizo (con Marina Francisco y Carlos Torres), convierten un puñado de canciones en un disco único. Inolvidable. Imperecedero.

1999

Donde diablos estés. Por fin me atrevo a resumir aquel año. Cuando queríamos romper ventanas… y lo hacíamos. Donde diablos estés. Si lo escuchas. No te lo tomes a mal. Todo está pasado por el filtro del tiempo y mi imaginación tramposa. Si te preguntas “¿se ha atrevido a hablar de él y de mí?” observa la cifra y considérate contestada. No incluyo nombres en ningún caso. Únicamente lo sabrás tú, que, en cierta manera, es lo que pretendía. Una broma desde la distancia. 1999. El año del supuesto fin del mundo… en cierta manera… sí… el fin de ti y de mí… algo definible como un pequeño mundo infranqueable para el resto. Y como extrañas plantas, crecíamos más cuando menos agua y luz existían a nuestro alrededor. ¿Cómo podíamos pretender gustar al resto? Nos conocimos sin raíces, andamos un tiempo juntos, sin raíces… en algunos momentos tuve la sensación de que cada uno de nosotros arraigó en el otro. Pero, de cualquiera manera, ya era demasiado tarde para nosotros. ¿Cómo podían asentarse en tierra dos seres tan volátiles? Así que cada uno siguió el camino que le correspondía, y no hay nada más que decir. Hoy iré tarde a dormir. Te informo. Me imagino que mañana te levantarás temprano.

1999 para mí es mi primer abril en Madrid, el olor de sus calles y de la lluvia. Aquellos besos desesperados por la despedida. Un concierto de madrugada con una sudadera de Star Wars. Viajes en tren y tardes en Alcalá comprando libros. Escribir parrafadas que con el tiempo desaparecerán. Empezar de cero con la canción más triste a cuestas. Una pizca de autoestima cuando todo falla. Sonrisas encerradas en algún cajón. Lo que iba a ser y al final fue totalmente distinto. Volver por un rato allí, donde solíamos sentir.

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Canciones para el tiempo y la distancia

ALWAYS REMEMBER US THIS WAY

Ayer, mientras desayunaba, pensaba en lo orgullosa que me siento de este sitio, aunque sea pequeño y esté vacío. Nunca me había parado a pensarlo, siempre tenía sentimientos encontrados, me resultaba inevitable compararlo con mi anterior espacio, aquel que yo sentía lleno de vida, y en el que hoy me doy cuenta que perdí un poco el norte. Me perdí a mí misma. Quizá por eso tengo esta calma placentera instalada en el pecho cuando pienso Locked in verses, en como me encuentro aquí. Más yo que nunca.

Puede que esa haya sido la clave, que soy yo 100%, que puedo serlo como nunca lo fui en aquel otro sitio. Que sentarme a escribir aquí es como ir llenando una cajita de emociones, donde guardo todo aquello que me eriza la piel, todo aquello que hace que la vida sea un poco más feliz. Y hoy voy a guardar otro momento bonito en ella, para  poder recordar y que no se pierda la emoción con el tiempo.

El viernes fuimos al cine a ver A star is born (Ha nacido una estrella). Era la primera vez que veíamos en el cine una película en versión original subtitulada. A Mr. Brandon le sagran los oídos cada vez que escucha un doblaje, si por él fuera en casa se vería todo así, solo claudica cuando vemos algo juntos porque sabe que a mí se me hace un poco cuesta arriba. Pero esa es la estampa habitual en Villa Brandon, mientras yo estoy en la cocina experimentando o leyendo en la habitación, el salón se llena de diálogos en inglés o japonés. Pero el viernes se convirtió en uno de esos momentos bonitos que se atesoran. El de las primeras veces.

En realidad la película en sí no hubiera llamado mi atención sino fuera por sus buenas críticas. Y el incentivo para que Mr. Brandon me acompañara con ganas era Lady Gaga, una artista que a él siempre le ha gustado. No porque siguiera su trayectoria, ni tuviera sus discos, sino porque le gustaba ver los vídeos de sus conciertos y escuchar alguna canción de vez en cuando. Para él Lady Gaga es eso, puro espectáculo en directo, aunque para muchos sea solo una mamarracha. Para mí Lady Gaga es, sobre todo, Poker face y no porque la canción me guste especialmente, sino porque forma parte de la banda sonora de mi vida. Poker face sonaba a todo trapo la noche (de fiestas patronales en el pueblo) que mi madre me soltó a bocajarro que se iba a separar de mi padre, y me dejó con cara de póker. Es alucinante como las canciones a veces suenan en el momento más indicado. Yo pensé que no había escuchado bien, que la Gaga cantaba demasiado alto o era el alcohol que corría descontrolado por mis venas. Pero no, había escuchado perfectamente y me quedé en blanco. No recuerdo nada más de esa noche, solo que mi vida dio otro giro de 180º.

Cuando el viernes salimos del cine mi sensación era buena, me había gustado lo que había visto. Me había sorprendido un Bradley Cooper que no conocía en esa faceta de director y cantante, la química con Lady Gaga había traspasado la pantalla enredándose con todos los que estábamos sentados en las butacas, atándonos con un hilo fino y resistente hasta la última nota cantada. Me había sorprendido ella, Stefani Germanotta, porque en esas dos horas y pico de película lo único que había de Lady Gaga era su voz, el resto era Stefani. La chica que hay detrás del maquillaje, las pelucas de colores y los vestidos inclasificables de una artista a la que bautizaron Lady Gaga por una canción de Queen. En A star is born hay sobre todo emoción y verdad, porque desde el primer minuto te olvidas que estás viendo en la pantalla a Bradley y la Gaga, son solo Jack y Ally contando su historia, intensa y triste.

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Supongo que conoceréis la sensación de terminar un libro, sentir que os ha gustado mucho y ya está, sin más. Y que con el paso de los días, inexplicablemente, no deje de daros vueltas en la cabeza, porque en realidad os ha dejado un poso que no esperabais, os ha llenado. Eso me pasó con A star is born.

Que la banda sonora es una delicia no es una novedad, todo el mundo lo dice. Tarareaba Shallow desde hace meses sin saber la historia detrás de su letra, sin conocer a Jack y Ally, solo se había pegado a mí como una segunda piel porque sonaba en todas partes, porque todo el mundo hablaba maravillas. La había disfrutado a través de otras personas, de otras emociones que no me pertenecían y cuando escuché la canción en la película, aunque fue un momento precioso, un momento clave en la historia y lleno de magia, no me removió tanto como sí lo hizo cuando Ally canta sola Always remember us this way. Una canción que me parece de las más bonitas que he escuchado en mucho tiempo. Y como el mes del amor está dando sus últimos coletazos, no encuentro mejor manera de despedirlo que hacerlo con una canción que ya forma parte de mi Playlist de este año.

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Canciones para el tiempo y la distancia

SOUNDTRACK | Cuando Mónica encontró a Freddie

Whatever happens
I’ll leave it all to chance
Another heartache
Another failed romance
On and on… does anybody know what we are living for?

THE SHOW MUST GO ON
Innuendo (1991)

Queen —y en especial Freddie Mercury—, han sido una constante en mi vida. Han sonado durante muchos momentos. Pequeños recuerdos que ahora conservo en mi memoria como fotografías dentro de un álbum. Cada fotografía va de la mano de una canción de Queen. Cada momento es Freddie acompañándome con su voz.

Trastear los vinilos de casa de mis abuelos. Coger entre mis manos The miracle de Queen, uno de los discos de mi tía N. La antorcha de los JJ.OO. recorriendo las calles de la ciudad. La emoción de verla pasar a pie de calle junto a mis padres. Freddie Mercury cantando con Montserrat Caballé a una Barcelona que nunca ha estado más bonita.

Una semana en la playa. La arena caliente entre los dedos. El sabor a sal en la piel. Queen sonando a todas horas bajo el sol de julio en un viejo radiocasete. El primer amor.

Una tarde de cine en invierno. Bohemian Rhapsody. Live Aid de 1985. Veinte minutos rozando el cielo. Un paseo nocturno recordando todos esos momentos de la vida que han estado marcados por la voz de Freddie. Escuchar a Queen en bucle (una vez más en mi vida). Mr. Brandon canturreando Radio Ga Ga por el piso.

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Canciones para el tiempo y la distancia, Vida

2018. GUERRA Y PAZ

Siento que este año que acaba ha sido una guerra conmigo misma. Una lucha continua con lo que siento, con los sueños que un día tuve, con las decisiones que tomé y con la insatisfacción que de vez en cuando aparece y golpea.

Y los miedos. Los miedos también siguen ahí, agazapados.

Y sigo echando de menos a quién no lo merece. ¿Qué voy a hacer con todos los abrazos que hice a medida para ti?

Ha sido un año veloz en el que he leído menos de lo previsto pero, sin embargo, me he conocido más como lectora. Qué historias me erizan la piel, qué personajes se quedan conmigo y qué sensaciones me llenan. Echando la vista atrás, algunos de los libros a los que en su momento di cinco estrellas no permanecen en mi recuerdo. Buenas historias, sí, pero a la larga no me han dejado huella. Y, en cambio, historias que en su momento pensé que no me llenaron del todo, siguen ahí, intactas, haciéndome sentir, enseñándome y perdurando en el tiempo.

La buena letra (Rafael Chirbes), Americanah (Chimamanda Ngozi Adichie), Yo te quise más (Tom Spanbauer), La luz que perdimos (Jill Santopolo), Todo 36-39: Malos tiempos (Carlos Giménez), Mejor la ausencia (Edurne Portela), Patria (Fernando Aramburu), Volver a casa (Yaa Gyasi) y El azul es un color cálido (Julie Maroh).

La música me ha seguido acompañando día a día, llenando mi lista de canciones para el tiempo y la distancia. Al volver a escucharlas será inevitable pensar en momentos vividos en este 2018 que se acaba.

La reina pez (Vega), Don’t take the money (Bleachers), Gran hermano (Carmen Boza), We might be dead by tomorrow (Soko) o Guerra y paz (Zahara). [Tenéis la lista completa en la pestaña Playlists, con la carátula que he hecho para este año].

Los libros y la música han sido mi paz todos estos meses.

Mi nueva agenda se llena de propósitos: volver a correr, comer mucho mejor, leer en catalán, estudiar inglés, aceptar mis cambios…

Y de libros que quiero leer: La trenza, Una educación, Feliz final, Detrás del hielo, No digas noche...

Pero, sobre todo, me apetece llenarla de momentos bonitos, de frases inspiradoras y de recuerdos que me hagan sonreír.

FELIZ 2019. Gracias un año más por estar a mi lado, a pesar de los cambios, de mis ausencias, de mis pocas ganas y de las telarañas que empiezan a instalarse en las esquinas de este rincón.

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Canciones para el tiempo y la distancia

SOUNDTRACK | Crónica del desamor

El amor se fue volando por el balcón adonde no tuviera enemigos.

SEGUNDO MOVIMIENTO: LO DE FUERA
La ley innata (2008)

Compré La ley innata de Extremoduro cuando las cosas empezaron a ir cuesta abajo y sin frenos. Lo escuché en bucle durante dos meses. Meses de heridas que dejarían cicatrices y aprendizajes. Llevaba años escuchando a Extremoduro, pero fue en ese momento cuando la voz de Roberto Iniesta se convirtió en banda sonora, en tirita y en refugio.

Han pasado diez años y cada vez que escucho alguna de las canciones de ese disco me llega un ramalazo de aquel desamor. Fotografías en blanco y negro, olores, palabras vacías, sentimientos que despertaban por primera vez, tanto buenos como malos. La ley innata con el paso del tiempo se ha convertido en la crónica de un desamor. La crónica anunciada a bombo y platillo de un amor herido de muerte.

Irónicamente La ley innata es mi disco preferido.

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