Sentimental

LOS PUENTES DE MADISON COUNTY | Robert James Waller

En un universo de ambigüedades, este tipo de certidumbre llega una sola vez, y nunca más, no importa cuántas vidas le toque a uno vivir.

Un sábado por la tarde como otro cualquiera. Uno de esos sábados que estás en casa porque no deja de llover y hace un frío que pela. Una de esas tardes de otoño que disfrutas con un libro entre las manos y una manta sobre las piernas. Era esa clase de sábado el día que encendí la tele y estaban dando Los puentes de Madison, estaba ya empezada, pero me bastaron cuatro minutos para romperme. Jamás me había pasado algo así, explotar en un montón de sentimientos con una sola escena, sin saber el contexto, la historia, absolutamente nada de lo que habían vivido esos personajes hasta llegar a ese momento, a ese coche en el que Meryl Streep, contenida, llena de dolor, ve como Clint Eastwood se aleja de ella, mientras la lluvia golpea el parabrisas. Un dolor casi físico en una escena que es pura belleza, que te estruja y te retuerce. Necesitaba saber qué les había pasado hasta llegar a esa situación, qué personaje era Meryl, qué personaje era Clint y cuál era su historia.
El resto fueron casualidades bonitas, vino todo a pedir de boca, encontré el libro en una edición de 1995 completamente nueva, como si acabara de salir de la imprenta. Uno de esos tesoros que, a veces, encuentras en las Re-Reads y lo sentí como una señal, como si el libro desde su escondite –estaba muy escondido– me gritara “Llévame, te voy a gustar”.

Llegados a este punto os tengo que confesar que nunca me había llamado la atención este libro. De hecho, ni siquiera sabía que existía hasta hace cosa de cinco o seis años, cuando empecé a empaparme de novela romántica y sus diferentes subgéneros. Hasta ese momento, pensaba que era solo una película, que no estaba basada en ningún libro. Y lo cierto es que tampoco había tenido ocasión ni curiosidad por verla, la conocía, por supuesto, supongo que como todo el mundo, pero ahí me quedaba.

La historia de Francesca y Robert pone la piel de gallina por lo sencilla, natural y significativa que es. Es de esas historias de amor que te dan un pellizco en el corazón, no solo por preciosa, sino también por lo mucho que te hace reflexionar.

Robert Kincaid es un fotógrafo que viaja hasta Iowa para hacer un reportaje de National Geographic sobre los puentes cubiertos de Madison County. Encuentra los seis primeros puentes sin ningún tipo de problema pero el séptimo, Roseman Bridge, se le resiste. Decide pedir indicaciones a algún lugareño y así es como acaba parado frente a la granja de Francesca Johnson. Francesca en ese momento se encuentra sola en casa, su marido y  sus dos hijos se han marchado unos días a la feria del Estado, y cuando aparece Robert en su granja no puede evitar sentir curiosidad. La conexión que tienen se palpa desde el primer encuentro. Robert es un enamorado de su trabajo, una persona bohemia, vital, llena de historias que contar y experiencias que compartir. Francesca, en cambio, dejó su Nápoles natal cuando conoció a Richard, se casó con él sin estar enamorada, y se trasladó a Madison County después de la guerra. Conocer a Robert le hace ver con más claridad que nunca que sus sueños, sus inquietudes y todo aquello que anhelaba de la vida había quedado olvidado, en un segundo plano, engullido por la rutina, la falta de pasión y sus responsabilidades.

Sólo cuatro días juntos, sólo cuatro días les bastarán para enamorarse locamente. Un amor forjado en muy poco tiempo, pero que durará toda la vida. Un amor que emociona, que pellizca, que hace sonreír y también llorar. Un amor dulce y eterno. Un amor inolvidable entre dos personas que pensaban que ya lo habían vivido todo, uno de esos amores que, con suerte, llegan una vez en la vida y lo iluminan todo.
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Le gustaba tanto sentirlo cerca. Quería que eso durara eternamente. Más viejas canciones, más baile, y más veces su cuerpo contra el de él. Volvía a ser mujer. Otra vez había un lugar para bailar. Lentamente pero sin vacilaciones. Francesca volvía a casa, en donde nunca había estado.

Lo que más me ha emocionado sin duda ha sido el Prólogo del autor, dónde nos cuenta que es una historia real. Michael y Carolyn –los hijos de Francesca– contactaron con él para pedirle que escribiera su historia, proporcionándole todo el material que tenían a su disposición. Los cuadernos de Francesca, los ensayos fotográficos de Robert, las charlas recorriendo Madison County, las investigaciones en Ohio para saber más de Robert… Y esa última Postdata. Una Postdata final con la que ya no pude contener las lágrimas.

Esta vez no hay canción que valga por mucho que me guste ponerle música a las palabras. Creo que es de justicia que veáis la escena que me llevó a esta historia, que os emocionéis con estos cuatro minutos de sentimiento puro. Y que si os rompe como lo hizo conmigo, os apuntéis la historia de Francesca para futuras lecturas si todavía no la conocéis. Sería bonito, sería especial.

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LA LUZ QUE PERDIMOS | Jill Santopolo

Es lo que tiene el amor. Que nos hace sentir infinitos e invencibles, como si el mundo entero estuviera a nuestra disposición, abierto ante nosotros, como si pudiéramos conseguir lo que nos propusiéramos y cada día estuviera lleno de maravillas.

Creo firmemente que los libros que te hacen sentir cualquier tipo de emoción son lo que al final se quedan contigo y, en ocasiones, acaban formando parte de esa pequeña lista de libros de tu vida. Desde hace unos años ese es mi baremo para valorar un libro: sentir. Si una historia me hace sentir ya me tiene casi ganada.

Con La luz que perdimos tuve un flechazo, fue leer la sinopsis y saber que me iba a gustar. Es algo que hace tiempo que me pasa muy poco con la novela romántica, de un tiempo a esta parte siento más desencanto que otra cosa con este tipo de historias. Pero me gusta guiarme por mis flechazos —en prácticamente todos los aspectos de mi vida—, seguir al corazón pienso que es bueno, porque aunque te equivoques al final te llenará la paz. Y esta vez tampoco me equivoqué con mi flechazo lector, porque la historia de Lucy y Gabe es de las que te dejan un vacío dentro. Una historia tan real que duele, tan sentida que traspasa el papel, tan triste y tan cercana que es demasiado fácil tocarla con la yema de los dedos. Este tipo de historias son las que me llegan, las que siento tangibles. La purpurina y los unicornios me temo que no están hechos para mí.

Gabe y Lucy se conocen en la Universidad de Columbia en un seminario sobre Shakespeare el 11 de septiembre del 2001, el día de los atentados de Nueva York. Ese mismo día surge la chispa entre ellos y tiempo después inician una relación. Una relación que Lucy pronto asume que tiene fecha de caducidad porque el sueño profesional de Gabe es irse al extranjero como fotógrafo. Una oportunidad para ir a Irak separará el camino de Gabe del de Lucy. Sus vidas tomarán rumbos diferentes, pero seguirán unidos por un amor imperecedero, loco, desgarrador y único. A pesar del paso de los años y de los kilómetros, nunca dejarán de pensar el uno en el otro, ni de quererse, ni de echarse de menos. Ni de cuestionarse si tomaron las decisiones adecuadas en el pasado.

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Una historia de despedidas y reencuentros, de añoranza y de sueños. Una historia que sin poder evitarlo hace pensar en lo importantes que son las pequeñas decisiones que tomamos y que poco a poco, sin darnos cuenta, modifican nuestra vida. ¿Qué hubiera pasado sí…? Es la pregunta que planea sobre la historia de Gabe y Lucy.  Lucy sentía que Gabe no sería del todo feliz mientras siguiera en Nueva York, que debería marcharse para sentirse realizado y pleno aunque a ella se le partiera el corazón. ¿Pero realmente Gabe será feliz sin Lucy?

La luz que perdimos no siento que sea una historia perfecta, pero a mí ha logrado tocarme el corazón y tenerla dando vueltas en mi cabeza constantemente. Leí las últimas páginas con un nudo en la garganta y con la necesidad de sentarme delante del teclado, como hacía meses que no me pasaba. Supongo que es demasiado fácil ponerse en la piel de Lucy, porque ella es la narradora durante toda la historia. Cada momento, cada sentimiento, cada lágrima, cada carcajada. Cada acierto, cada error. Todo está ahí, sin dobleces, la historia de un amor. El amor de Lucy por Gabe.

La historia de una vida, la que podría haber sido y la que finalmente fue.

Espero que algún día encuentres un amor así, un amor que todo lo consuma, un amor potente, que te haga sentir que estás volviéndote un poco loco. Cuando te entregues a un amor así, tu corazón saldrá magullado. Saldrá apaleado. Pero además te sentirás invencible e infinito.