Narrativa contemporánea

GOLPÉATE EL CORAZÓN | Amélie Nothomb

Golpéate el corazón,
ahí es donde reside el genio.

ALFRED DE MUSSET

Tengo una relación amor-odio con los libros de Amélie Nothomb. O me flipan —como Ni de Eva ni de Adán— o se me hacen bola —como Biografía del hambre—. Todo lo que había leído de Amélie era autobiográfico, no había reparado en ello hasta anoche. Quizá porque ninguna de sus novelas llamaba suficiente mi atención, y despertaba más mi curiosidad descubrir Japón a través de su mirada excéntrica y peculiar. Pero todo esto cambió cuando a principios de mes leí la sinopsis de Golpéate el corazón, su nueva novela traducida al español. Una historia de madres e hijas.

Con el tiempo me he dado cuenta que es un tema que me interesa cada vez más en la literatura. El pistoletazo de salida fue Nada se opone a la noche de Delphine de Vigan, una historia que la autora dedica a la figura de su madre a raíz del fallecimiento de ésta. Me encantó, a pesar de la tristeza y la oscuridad que desprenden sus páginas. Es uno de mis libros favoritos.

Empecé a leer Golpéate el corazón con un poco de miedo, con Amélie nunca sé qué esperar. Su cabeza es impredecible. Y me enganchó desde la primera línea, algo que me ha pasado con muy pocas historias. Marie me enredó en su tela de araña. Marie, una joven belleza que disfruta siendo el centro de atención, hasta que se queda embarazada del chico más apuesto de la ciudad y acaba casándose precipitadamente, cortando de raíz la vida que había tenido hasta ese momento y de la que tanto gozaba.

Su hija Diane crecerá sin el afecto materno. Sin abrazos y sin besos, pero rodeada de celos y envidias. Su niñez estará marcada por la incomprensión y el dolor por la actitud de su madre. Una actitud totalmente diferente a la que tendrá en el futuro con sus hermanos. Diane se refugiará en los libros y en el calor de sus abuelos. Y acabará siendo una brillante estudiante de cardiología, impulsada por el impacto que tuvo en ella el verso de un poema del francés Alfred de Musset. «Golpéate el corazón, ahí es donde reside el genio».

Home is where it hurts.

En la universidad conocerá a la profesora Olivia Aubusson con la que fraguará una singular amistad. En Olivia reconocerá esa figura materna que tanto ha ansiado, que tanto ha necesitado. Pero conforme vayan estrechando lazos empezará a cuestionarse todo lo que creía saber sobre su madre y su sentir hacía ella.

He leído cinco libros de Amélie Nothomb y sin dudarlo es el que más me ha gustado. Y posiblemente no sea lo mejor que ha escrito, es probable que mi entusiasmo ni siquiera sea por la historia en sí, pero para mí es una de esas historias que tienen algo que se queda contigo después de leerla. En este caso me llevo un verso de un poema y un sentimiento. Tanto es así que un tatuaje que tengo en mente desde hace tiempo ha mutado tras leer la historia de Diane. No será este año, tampoco el que viene, no sé cuando llegará el momento, pero algún día la tinta dibujará en mi brazo un corazón anatómico, unas flores y un Golpéate el corazón.

brokenhearts
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Canciones para el tiempo y la distancia

SOUNDTRACK | Cómo generar incendios de nieve con una lupa enfocando a la luna

El pasado domingo, 1999 (o cómo generar incendios de nieve con una lupa enfocando a la luna), el sexto disco de Love of Lesbian, cumplió diez años. Fue inevitable la nostalgia, recordar momentos, volver a disfrutar de las canciones de uno de los discos de mi vida.

2009 para mí fue un año de inflexión. Había cerrado la puerta en las narices al amor. Escribía mucho en un blog que ya no existe. Disfruté del mar de Almería sin saber que lo echaría de menos durante casi una década (y sumando). Seguía trabajando en algo que no me llenaba, pero me aportaba tranquilidad. Mis padres se separaron. Empecé a escuchar a Vetusta Morla, Anni B Sweet y Love of Lesbian. Canciones que con el tiempo formarían parte de la banda sonora de mi vida.

1999 es un disco que cuenta la historia de una relación. La mayoría de las canciones que lo componen son temazos. Allí donde solíamos gritar, Club de fans de John Boy, Incendios de nieve, Segundo Asalto, 1999… Pero si a eso le sumamos el talento de Lyona y la maravilla de videoclips y fotografías que hizo (con Marina Francisco y Carlos Torres), convierten un puñado de canciones en un disco único. Inolvidable. Imperecedero.

1999

Donde diablos estés. Por fin me atrevo a resumir aquel año. Cuando queríamos romper ventanas… y lo hacíamos. Donde diablos estés. Si lo escuchas. No te lo tomes a mal. Todo está pasado por el filtro del tiempo y mi imaginación tramposa. Si te preguntas “¿se ha atrevido a hablar de él y de mí?” observa la cifra y considérate contestada. No incluyo nombres en ningún caso. Únicamente lo sabrás tú, que, en cierta manera, es lo que pretendía. Una broma desde la distancia. 1999. El año del supuesto fin del mundo… en cierta manera… sí… el fin de ti y de mí… algo definible como un pequeño mundo infranqueable para el resto. Y como extrañas plantas, crecíamos más cuando menos agua y luz existían a nuestro alrededor. ¿Cómo podíamos pretender gustar al resto? Nos conocimos sin raíces, andamos un tiempo juntos, sin raíces… en algunos momentos tuve la sensación de que cada uno de nosotros arraigó en el otro. Pero, de cualquiera manera, ya era demasiado tarde para nosotros. ¿Cómo podían asentarse en tierra dos seres tan volátiles? Así que cada uno siguió el camino que le correspondía, y no hay nada más que decir. Hoy iré tarde a dormir. Te informo. Me imagino que mañana te levantarás temprano.

1999 para mí es mi primer abril en Madrid, el olor de sus calles y de la lluvia. Aquellos besos desesperados por la despedida. Un concierto de madrugada con una sudadera de Star Wars. Viajes en tren y tardes en Alcalá comprando libros. Escribir parrafadas que con el tiempo desaparecerán. Empezar de cero con la canción más triste a cuestas. Una pizca de autoestima cuando todo falla. Sonrisas encerradas en algún cajón. Lo que iba a ser y al final fue totalmente distinto. Volver por un rato allí, donde solíamos sentir.

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Romántica Contemporánea

IMPOSIBLE CANCIÓN DE AMOR | Abril Camino

Le dije que sí porque supe que era lo que necesitaba oír. Pero lo que callé fue una aplastante realidad que teníamos sobre nosotros desde el primer momento: para que las cosas fueran más sencillas, tendría que ocurrir algo horrible; algo que ninguno de los dos desearíamos que ocurriera jamás.

Extremoduro. Esa es la principal razón que tuve para leer la nueva novela de Abril Camino. Saber que un grupo de música que me ha dado tanto era importante en esta historia. Que sonarían sus canciones en cada rincón, en momentos tristes y también bonitos. Que Roberto Iniesta, con esa voz que siempre me ha tenido enamorada perdida, acompañaría a una historia que podría gustarme más o menos, pero que inevitablemente relacionaría con sus canciones. Dulce introducción al caos siempre la he sentido muy mía, entre sus notas se quedó aquella Mónica triste que hacía reír y hoy sé que también es el inicio de la historia de Ada y Hugo. Una historia que es probable que sea la mejor que ha escrito Abril Camino hasta la fecha, aunque a mí me ha faltado ese algo que siempre busco para considerar que una historia es perfecta. Cuando se trata de sentir es el corazón el que manda y esta historia tenía todas las papeletas para dejarme hecha un trapo. Al final no ha sido así, no es que me haya quedado igual, porque cuando un libro te hace sentir algo cambia dentro de ti. Pero no he sentido el pellizco en el corazón. Y yo soy muy de pellizcos. La culpa es muy probable que sea mía, de mi predisposición y de todo lo que bulle en mi cabeza.

Ada y Hugo se conocen en el último año de universidad en Madrid. Ada tiene muy claro lo que quiere en la vida. Quiere viajar todo lo que pueda, vivir en todas las ciudades que estén a su alcance. Volar. Solo hay una persona por la que sería capaz de dejar sus sueños a un lado y ese es Hugo. El chico alegre que con una simple sonrisa es capaz de iluminarlo todo. No esperaban enamorarse, lo suyo no iba de eso, querían pasárselo bien, disfrutar de la vida, pero los sentimientos empezaron a llenarlo todo. Hasta que a Ada le surge una oportunidad laboral y deja Madrid. Y también a Hugo.

Han pasado diez años cuando Ada vuelve a establecerse en Madrid. Durante la última década ha cumplido su sueño de recorrer el mundo. Ha vivido en infinidad de ciudades y ha conocido todos los países que ha podido. Pero ahora su hermana Cloe la necesita y  Ada decide dejar su vida nómada para arroparla. Para salir adelante juntas.

Ada y Hugo se vuelven a encontrar y todo se tambalea. Desde que se separaron cuando eran unos veinteañeros llenos de sueños, no han vuelto a tener ningún tipo de contacto. Ada pronto percibe que Hugo ya no es el Hugo que ella conoció, no sabe qué le puede haber pasado en esos años, pero ha perdido la sonrisa, el brillo de sus ojos verdes. Su luz. Aquel chico luminoso de sonrisa perenne ha desaparecido, dando paso a un hombre triste y gris. Estando tan cerca no pueden evitar revivir sentimientos que creían muertos y sentir otros nuevos. Vuelven a enamorarse como dos chiquillos. Pero su historia, una vez más, no ha llegado en el momento adecuado.

La vida de Hugo no es fácil, no lo ha sido en los últimos años. Sostiene un peso sobre sus hombros enorme, doloroso. Un peso que por momentos le ahoga y le engulle. Dentro de tanta oscuridad lo único que lo mantiene cuerdo es Ada, su Ada. Aquella chica llena de sueños que lo volvió loco cuando tenía veintitrés años. Aquella chica a la que no quiso cortar las alas aunque él se quedara destrozado. Ahora ha vuelto a su vida convertida en una mujer increíble, regalándole pequeños instantes de una felicidad que creía completamente perdida. Que sentía que ya no le correspondía.

Imposible canción de amor cuenta una historia de amor complicada. Llena de mucho dolor y sufrimiento, de momentos de querer liarte a puñetazos con cualquier pared por lo puta que es la vida. Pero también de amor, de un amor puro y real. Quizá sea lo que más me ha gustado, que tanto a Hugo como a Ada me los he creído. Sus sentimientos, sus decisiones, sus renuncias. Todo ha sido muy real. Me he creído ese amor que surge en el momento menos adecuado. Ese amor que consuela y arropa, que sana y enseña. Ese amor capaz de hacer frente al revés más grande de sus vidas.

Había escuchado La canción más triste muchas veces, infinidad de veces. Por puro placer y disfrute, por escuchar la voz de Robe que siempre me pone la piel de gallina. Pero no tenía historia. Escucho canciones y es imposible no relacionarlas con momentos, con vivencias, con sentimientos. Con esta todavía no había llegado el momento. Hasta hoy. La canción más triste para mí es la imposible canción de amor de Ada y Hugo. Son ellos y creo que seguirá siendo así durante mucho tiempo. Cuando terminas un libro y la historia sigue dando vueltas en tu cabeza, es que la autora ha hecho algo bien.

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Narrativa contemporánea

CRISANTEMO BLANCO | Mary Lynn Bracht

320Si sois usuarios de Instagram y seguís a cuentas que hablan de libros, seguro que ha llegado a vuestros ojos la iniciativa #marzoasiático que lleva en danza Magrat (@magratajostiernos / Crónicas de Magrat). Cuando vi en su canal de youtube el vídeo comentando su idea para el mes de marzo, empecé a buscar en mis estanterías libros que pudiera leer para unirme. No suelo animarme con los ciclos de lectura porque, como siempre digo, soy una lectora de antojos, pero esta vez me parecía interesante. Y hasta que no he hecho mi primer viaje (lector) por Asia, no he sido consciente de hasta que punto era bueno y gratificante embarcarme en él.

Mi primer destino ha sido COREA con Crisantemo blanco de Mary Lynn Bracht.

Crisantemo blanco nos cuenta la historia de dos hermanas coreanas, Emi y Hana, que viven en un pequeño pueblo de la costa sur de la isla de Jeju —desde 2011 es una de las siete maravillas naturales del mundo—. Corea lleva anexionada a Japón desde 1910, con todo lo que ello implica. Tienen prohibido hablar, leer o escribir en coreano, sus derechos son de segunda clase en su propio país y han sido educadas en la cultura japonesa.

Corre el año 1943 y Hana, a sus dieciséis años es haenyeo, como su madre. Expertas buceadoras que venden en el mercado su pesca. Es una época convulsa y a Hana siempre le han advertido que se mantenga alejada de los soldados japoneses. Pero una tarde de verano la vida de Hana cambia para siempre. Su hermana pequeña, Emi, está cerca de la orilla guardando la pesca diaria y Hana desde el mar ve como un soldado se acerca a ella. Asustada, hace todo lo posible por llegar a su lado y que el soldado no vea a Emi, pero no puede impedir que la capturen a ella y la envíen hacía un destino incierto. Hana se convertirá en una de las esclavas sexuales del ejército nipón. Las llamadas “mujeres de solaz” o “mujeres de consuelo”. A partir de ese punto la historia se divide en dos partes, la del destino de Hana en plena Segunda Guerra Mundial tras su secuestro, y la de Emi desde la actualidad.

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Es difícil que los capítulos de Hana no te pongan los pelos de punta. Son crudos y desprenden muchísimo dolor. No era algo que desconocía, pero sabía muy poco sobre el tema. Crisantemo blanco ha plantado la semilla de la curiosidad y desde que terminé su lectura no he dejado de buscar información.
Doscientas mil mujeres —en algunos sitios consta un número superior—, la mayoría coreanas, pero también procedentes de China, Filipinas y de otros territorios ocupados por Japón, fueron secuestradas, maltratadas, torturadas y violadas por militares japoneses durante la Segunda Guerra Mundial. Muchas de ellas fueron engañadas con promesas de trabajo y confinadas finalmente en “estaciones de consuelo” —como llamaron a lo que en realidad eran burdeles—. Algunas no pudieron soportarlo y se suicidaron, otras intentaron escapar y fueron ejecutadas. Muchas murieron al contraer enfermedades por culpa de los soldados y por la escasa higiene.

La vida de Emi tampoco es nada fácil. Tras el secuestro de su hermana el sentimiento de culpa es intenso y tiene que hacer frente, no solo a las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial, sino también a la inminente Guerra de Corea. Intercalando el presente en 2011 con recuerdos del pasado, vamos conociendo su historia, su lucha y su fortaleza.  Pero, sobre todo, el amor por una hermana a la que no olvida.

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Estatua de la Paz (Seúl)

Crisantemo blanco siento que es una historia que necesitaba leer, a pesar de que algunos detalles no me hayan convencido del todo. Comprendo que la autora quería darle un poco de luz y quitarle una pizca de dureza a lo vivido por sus protagonistas, aunque sus historias se acerquen demasiado a lo ocurrido realmente por miles de mujeres.

No voy a decir que he disfrutado de su lectura, porque no me parece la palabra correcta para describir mi sentir. Pero como os decía al inicio de esta entrada ha sido muy gratificante, he aprendido muchísimo y me ha dado el impulso para seguir leyendo sobre Corea. Puede resultar triste, sobre todo, sabiendo lo mucho que me interesa la Segunda Guerra Mundial y todas las historias que he leído sobre el conflicto, pero siempre me he centrado en Europa. Quizá por cercanía, quizá por investigación familiar. Siempre acabo leyendo sobre la ocupación nazi en Europa y sobre la actuación de la División Azul —aquí me meto un poco en Rusia, pero hasta ahí—. Lo poco que sabía sobre Japón, Corea y otros países asiáticos durante la guerra eran simples pinceladas de mi etapa estudiantil. Y gracias al #marzoasiático se ha abierto ante mis ojos un abanico de lecturas nuevas.

Próxima parada CHINA (si no cambio de idea y me voy hacía otro lado).

Os cuento pronto

Canciones para el tiempo y la distancia

ALWAYS REMEMBER US THIS WAY

Ayer, mientras desayunaba, pensaba en lo orgullosa que me siento de este sitio, aunque sea pequeño y esté vacío. Nunca me había parado a pensarlo, siempre tenía sentimientos encontrados, me resultaba inevitable compararlo con mi anterior espacio, aquel que yo sentía lleno de vida, y en el que hoy me doy cuenta que perdí un poco el norte. Me perdí a mí misma. Quizá por eso tengo esta calma placentera instalada en el pecho cuando pienso Locked in verses, en como me encuentro aquí. Más yo que nunca.

Puede que esa haya sido la clave, que soy yo 100%, que puedo serlo como nunca lo fui en aquel otro sitio. Que sentarme a escribir aquí es como ir llenando una cajita de emociones, donde guardo todo aquello que me eriza la piel, todo aquello que hace que la vida sea un poco más feliz. Y hoy voy a guardar otro momento bonito en ella, para  poder recordar y que no se pierda la emoción con el tiempo.

El viernes fuimos al cine a ver A star is born (Ha nacido una estrella). Era la primera vez que veíamos en el cine una película en versión original subtitulada. A Mr. Brandon le sagran los oídos cada vez que escucha un doblaje, si por él fuera en casa se vería todo así, solo claudica cuando vemos algo juntos porque sabe que a mí se me hace un poco cuesta arriba. Pero esa es la estampa habitual en Villa Brandon, mientras yo estoy en la cocina experimentando o leyendo en la habitación, el salón se llena de diálogos en inglés o japonés. Pero el viernes se convirtió en uno de esos momentos bonitos que se atesoran. El de las primeras veces.

En realidad la película en sí no hubiera llamado mi atención sino fuera por sus buenas críticas. Y el incentivo para que Mr. Brandon me acompañara con ganas era Lady Gaga, una artista que a él siempre le ha gustado. No porque siguiera su trayectoria, ni tuviera sus discos, sino porque le gustaba ver los vídeos de sus conciertos y escuchar alguna canción de vez en cuando. Para él Lady Gaga es eso, puro espectáculo en directo, aunque para muchos sea solo una mamarracha. Para mí Lady Gaga es, sobre todo, Poker face y no porque la canción me guste especialmente, sino porque forma parte de la banda sonora de mi vida. Poker face sonaba a todo trapo la noche (de fiestas patronales en el pueblo) que mi madre me soltó a bocajarro que se iba a separar de mi padre, y me dejó con cara de póker. Es alucinante como las canciones a veces suenan en el momento más indicado. Yo pensé que no había escuchado bien, que la Gaga cantaba demasiado alto o era el alcohol que corría descontrolado por mis venas. Pero no, había escuchado perfectamente y me quedé en blanco. No recuerdo nada más de esa noche, solo que mi vida dio otro giro de 180º.

Cuando el viernes salimos del cine mi sensación era buena, me había gustado lo que había visto. Me había sorprendido un Bradley Cooper que no conocía en esa faceta de director y cantante, la química con Lady Gaga había traspasado la pantalla enredándose con todos los que estábamos sentados en las butacas, atándonos con un hilo fino y resistente hasta la última nota cantada. Me había sorprendido ella, Stefani Germanotta, porque en esas dos horas y pico de película lo único que había de Lady Gaga era su voz, el resto era Stefani. La chica que hay detrás del maquillaje, las pelucas de colores y los vestidos inclasificables de una artista a la que bautizaron Lady Gaga por una canción de Queen. En A star is born hay sobre todo emoción y verdad, porque desde el primer minuto te olvidas que estás viendo en la pantalla a Bradley y la Gaga, son solo Jack y Ally contando su historia, intensa y triste.

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Supongo que conoceréis la sensación de terminar un libro, sentir que os ha gustado mucho y ya está, sin más. Y que con el paso de los días, inexplicablemente, no deje de daros vueltas en la cabeza, porque en realidad os ha dejado un poso que no esperabais, os ha llenado. Eso me pasó con A star is born.

Que la banda sonora es una delicia no es una novedad, todo el mundo lo dice. Tarareaba Shallow desde hace meses sin saber la historia detrás de su letra, sin conocer a Jack y Ally, solo se había pegado a mí como una segunda piel porque sonaba en todas partes, porque todo el mundo hablaba maravillas. La había disfrutado a través de otras personas, de otras emociones que no me pertenecían y cuando escuché la canción en la película, aunque fue un momento precioso, un momento clave en la historia y lleno de magia, no me removió tanto como sí lo hizo cuando Ally canta sola Always remember us this way. Una canción que me parece de las más bonitas que he escuchado en mucho tiempo. Y como el mes del amor está dando sus últimos coletazos, no encuentro mejor manera de despedirlo que hacerlo con una canción que ya forma parte de mi Playlist de este año.

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Sentimental

EL PENÚLTIMO SUEÑO | Ángela Becerra

Mi niña del aire:
Me encuentro en un silencio doloroso.
Me pesan las horas más de lo que mi alma puede soportar. ¿Por qué no me contestas? Quiero pensar que es que mis cartas no te llegan. Que esta maldita guerra se las está tragando, que los barcos que te llevan mis frases naufragan en medio del océano, que un rayo las calcina… quiero pensar cualquier cosa, menos que no quieres contestarlas.
Me perdí. Sin ti ya no me reconozco. ¿Cómo es posible que el amor nos haga y nos deshaga a su antojo? ¿Cómo es posible quedar hecho cenizas, sin acabar de arder? A veces siento miedo de no poder seguir. Si por lo menos me enviaras una sola palabra. Si me dijeras: «No me he ido, estoy contigo.»
joanysoledad_cannesTu rostro se pasea por mis noches cansadas; lo siento flotar entre mis párpados sin ojos.
¿Qué dedo me señaló para ser yo el elegido de este amor imposible?
Me siento más lejano de mí que de ti. Vago por esta ausencia tuya con mi cuerpo vaciado y cuando pienso que no existo, mis ojos se mueren de sed…
Cuánto deseo volver a verte.
Esta soledad es como un lodo espeso que me ahoga. Ya no sé si vivía antes de ti, o si empecé a morir apenas verte. Se me junta el vivir y el morir en un solo acto.
No sabes cuántas sonatas he inventado soñando el día en que vuelva a verte. Me atropellan. Todas las hago pensándote.
Nunca me preguntaste por qué te llamo mi niña del aire. ¿Sabes de alguien que viva sin él?
¿Todavía llevas el anillo que te hice?
¿Todavía sigues pensando que nos reuniremos algún día?
Dime que sí. Que todavía piensas que viviremos juntos hasta más allá del penúltimo sueño…

JOAN


A veces no hace falta más que una carta, una fotografía y una canción para transmitir lo que quieres, lo que sientes. Eso serán siempre Joan y Soledad en mi memoria: un puñado de cartas, fotografías del verano en Cannes y un piano acariciando Tristesse de Chopin.

Va ser muy difícil olvidar a la niña del aire y al pianista de las olas. Su primera mirada, sus besos salados, sus cartas, sus sonatas, su pena. Y ese final. Ese final con olor a la rosas rojas y con el sonido de las teclas de un piano que ha presenciado toda una vida. Todo un amor. Su historia es de esas que se quedan conmigo, que guardaré en mi memoria y en mi corazón, como una de las más bellas que he leído. La principal culpable es Ángela Becerra y su manera de escribir, como si recitara poesía en cada párrafo. Adornando cada sentimiento, haciendo y deshaciendo un nudo en el pecho del lector.

Una historia que viaja al pasado y se pasea por el presente,  desgranando un amor que ni el tiempo ni la distancia pudo frenar. Un amor de los que dejan huella, de los que arrasan con todo, de los que jamás se olvidan.

El penúltimo sueño me lo regaló hace años una amiga. Ella no lee romántica, es un género que no le atrae, pero esta historia le encantó en su momento y decidió compartirla conmigo. Y yo hoy, lo hago aquí, aunque sea a través de cuatro letras, para que Joan y Soledad no se pierdan en el olvido. Para que Tristesse siga sonando y el idealismo mágico de Ángela Becerra llenando rincones.

Vida

LOS RESTOS DEL AMOR

Estás hecho de pequeños fragmentos de libros que has leído.

Empecé a leer por necesidad. Así lo siento desde la distancia que dan los años. Empecé a leer porque me dolía tanto el corazón que pensaba que me iba a romper de un momento a otro. Trabajaba, lloraba y escuchaba a Extremoduro. Así fueron los primeros meses sin J, hasta que una tarde de diciembre abrí un libro y me puse a leer.

Es hasta gracioso pensar que J se pasó todo el tiempo que estuvimos juntos animándome a leer, él era lector desde niño y veía como algo casi místico que los dos compartiéramos esa afición. Me regaló libros que nunca leí, intentamos leer uno los dos a la vez y tardé medio año en acabarlo. Nuestro último septiembre juntos, lo recuerdo tumbada en el césped de la universidad leyendo El niño con el pijama de rayas mientras esperaba que J saliera de un examen. No terminé el libro nunca y ese fue el último fin de semana que vi a J, —aunque en realidad siguió en mi vida de forma intermitente mediante mensajes a deshoras—.

Empecé a leer porque no quería pensar en cómo J había hecho estallar todo por los aires, llevándose mi corazón por delante. Fue una época complicada, me refugié en el trabajo y en los libros. Leía un libro detrás de otro, casi sin tomar aliento, solo necesitaba algo que me mantuviera entretenida, que me evitara pensar y leer era lo único que apaciguaba mi cabeza, mi corazón y mi desilusión.

Había pasado un puñado de meses cuando J conoció a otra chica. La CHICA, en mayúsculas, la que acabaría formando una familia con él. Y sentí que todo lo que había avanzado se iba por el desagüe. Volvía a la casilla de salida. Recuerdo que días después tomé la decisión más sabia: decirle adiós para siempre. Él no estaba en mi vida, pero seguía en ella, lejano pero constante. Yo estaba enamorada y él estaba conociendo a otra chica. Tenía que alejarme, tenía que pensar en mí, tenía que curarme y los libros fueron mi refugio. Mi salvación.

De leer de manera obsesiva por pura necesidad, acabé leyendo por placer, recorriendo librerías, comprando montañas de libros, descubriendo a la lectora que había en mí y todavía no conocía. Leía cualquier género que cayera en mis manos, con el tiempo descartaba los que no me encajaban y acabé adorando las historias de personajes, las de sentimientos. Leer me llenaba. Me ayudaba a volver a sentir algo cuando pensaba que estaba seca por dentro.

Lo que todo el mundo prodiga es que con el tiempo te quedas con lo bueno de las relaciones fallidas. Yo con J nunca he podido hacerlo, porque aunque lo malo parecía poco, acabó llenándolo todo. Si pienso en nuestro tiempo juntos solo me viene a la cabeza el dolor de saber lo difícil que le resultaba quererme. Fue como llenar de piedras hasta arriba una mochila que antes de que él llegara a mi vida, ya estaba demasiado llena.

No soy una hipócrita, aunque los restos de aquel amor sean como un agujero en el pecho, lo que más siento es gratitud. Él se fue con sus intentos de poema y sus canciones de Sabina y yo me quedé enterrada en montañas de libros. Libros que en estos diez años que han pasado desde nuestro adiós me han regalado amor y amistad. Han moldeado aristas y rellenado huecos. Me han dado vida.

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