Narrativa contemporánea

HISTORIAS PARA GUARDAR 1.8 (Parte I)

Llegamos a junio y como el año pasado por estas fechas hago balance de lo leído. Mi reto para el 2018 en Goodreads es leer 50 libros, una cifra mucho inferior a la de los últimos años, pero tiene su por qué. En realidad mi reto personal es llegar al día 31 de diciembre habiendo leído 50 libros que no entren dentro de la novela romántica. Desde fuera supongo que puede parecer un reto absurdo, pero los últimos siete años he leído mucho de ese género y aunque me encanta, me da mucha pena haber dejado de lado otra clase de historias. Libros que compré hace diez años que todavía no he leído, títulos que apuntaba en cualquier trocito de papel que tuviera a mano… El año pasado ya rescaté alguna de esas historias y el resultado no pudo haber sido más satisfactorio. Nada se opone a la noche, La ridícula idea de no volver a verte, Juliet desnuda, El corazón helado y Nada fueron libros que taché de una de esas listas de antaño y, en su mayoría, se han convertido en libros de mi vida. A veces pienso sino debería desempolvar las reseñas que hice en su momento y publicarlas aquí. A veces pienso que tendría sentido.

Hoy os traigo esa clase de historias, un resumen de las mejores novelas que he leído de Narrativa contemporánea. Mi idea es publicar a finales de año la Parte II y mi resumen anual donde hablaré de todos los géneros, de todo lo bueno que me llevo conmigo.

9788498416787Empiezo hablando de Alejandro Palomas y su Agua cerrada. No había leído nada del autor, conocía su obra pero no terminaba de animarme. Quizá porque veía sus libros por todas partes y eso a veces me satura un poco. Una tarde en la biblioteca encontré Agua cerrada, un libro de Palomas que desconocía y me lo llevé. Fue una sorpresa, no tanto por la historia como por la manera de narrar. Flipé. No tengo otra manera de describir la sensación que me dejó al terminar. Nunca me había pasado, pero lo que me motivaba a seguir leyendo era eso, su forma de contarme una historia que en palabras de otro narrador posiblemente hubiera sido una más, sin nada especial. No os sorprenderá si os digo que ya tengo otra historia suya en la recámara.

9788417088125Siguiendo por orden de lectura, a finales de febrero cayó en mis manos Mejor la ausencia de Edurne Portela y no os miento si digo que no esperaba nada de esta historia. Había visto muy buenas críticas, pero me daba mucho respeto enfrentarme a su lectura por los temas que trata (los años 80-90, conflicto vasco, violencia, droga, maltrato…). Cuando digo que no esperaba nada es que no estaba convencida de si sería de mi agrado, de si lograría terminarla. Que tontos somos poniéndonos barreras sin darnos cuenta. ¿Os digo lo que pasó? Leí la primera página y ya no pude parar, la historia de Amaia me absorbió totalmente, hasta el punto de comer con el libro abierto a mi lado porque no quería desperdiciar ningún minuto. Cuatro meses después sigo pensando en ella y en Anibal. Solo os digo eso.

critica-libro-llamame-por-tu-nombre-andre-aciman-1Después llegó el flechazo, un sábado por la tarde en una librería vi Llámame por tu nombre de André Aciman, un libro que había salido en español hacía años y había pasado un poco sin pena ni gloria. Este año lo reeditaban para aprovechar el éxito de la película, claro. Pocos días antes había visto el trailer y no pude evitar llevármelo. Hay días que todavía me parece estar viendo a Elio tumbado en unas sábanas blancas revueltas susurrando a Oliver “Elio, Elio, Elio…”. El libro es maravilloso, la película es preciosa y la banda sonora una delicia. Hace muy poquito reeditaron otra novela del autor Ocho noches blancas que me regaló Mr. Brandon en Sant Jordi.

9788490663196Mucha gente compara Mejor la ausencia con Patria de Fernando Aramburu, en lo que llevamos de año he tenido la suerte de leer los dos y… Sí, ambos tratan el conflicto vasco a través de pequeñas historias. Edurne Portela se centra en una familia, la de Amaia. Fernando Aramburu en dos, la de Miren y la de Bittori. Para mí ese es el único punto que tienen en común, porque el enfoque, el tipo de historia y el fondo es completamente distinto. Leí Patria con Lidia y eso hizo que disfrutara mucho más de lo que Aramburu me contaba. Es un libro que nunca me había planteado leer, a pesar de que la mayoría de críticas eran bastante buenas, me animé por la compañía y creo que ambas caímos en las garras de Aramburu cuando supimos que Patria era una historia de personajes. Me quedo con la espinita de que el final me hizo arrugar un poco el morro, porque me resultó poco creíble y demasiado complaciente, pero el balance general es muy, muy positivo, por eso está en esta lista.

1e8ea75ee5b8b01b0e40ed836a2a2a99Luego llegó Charlotte de David Foenkinos, la que abrió el camino a este Locked in verses (si no la habéis leído, la primera reseña es suya). Me gustó muchísimo conocer a Charlotte Salomon, una pintora injustamente olvidada y que Foenkinos, en este pequeño libro contado de manera muy peculiar, nos ofrece en bandeja. ¿Recordais lo que os he dicho de Agua cerrada y Alejandro Palomas? Pues con este libro me pasó lo contrario, la historia me pareció super interesante, pero la manera que eligió el autor para contarla no me terminó de convencer. Es original, es bonita, no lo niego, pero me quedé con la sensación de que podría haber contado más, que nos dejaba con la miel en los labios, cosa que como ya comenté en la reseña no es del todo mala, así sacamos al Sherlock que tenemos dentro. Pero siento que podría haber sido un libro tan especial, siento que Charlotte se merecía tanto… que me temo que siempre me va a parecer poco

RH30378¿Qué os puedo decir de Yo te quise más que no os dijera en su momento? Poca cosa, la verdad. Creo que cada día que pasa me gusta más, cada día me acuerdo de Ben, de Hank y de Ruth. A veces pienso que no los olvidaré jamás, otras que debería volver a leer a Tom Spanbauer y enamorarme de más personajes suyos. Sí, posiblemente sea eso, que me enamoré de Ben. De ese Ben a pecho abierto, con todo lo bueno y lo malo, todos esos errores que cometió durante su vida. Los besos que dio, las personas que amó, las que perdió, las que le olvidaron. Es la mejor historia que he leído en esta primera mitad del 2018. Es uno de esos libros que siempre estarán ahí, de los que me hartaré de recomendar, de los que recordaré con cariño, de los que serán refugio y casa cuando lo necesite. Spanbauer define su literatura como escritura peligrosa. Llámala como quieras, ¡bendita escritura la tuya!

9788498384666Poco después de leer Yo te quise más, me puse con una novelita corta del ganador del Premio Pulitzer de este año, Andrew Sean Greer (la novela que ha ganado el premio todavía no está disponible en español). Historia de un matrimonio fue un caramelo, uno de esos que encuentras buceando entre las publicaciones de hace años. Cuando algo así pasa ¿no os sentís como si hubierais encontrado un tesoro? Me gustó mucho la historia, los temas que se plantean a lo largo de la misma: si conocemos tanto como pensamos a nuestro compañero/a de vida, el juicio de los Rosenberg, la segregación racial… Tengo curiosidad de leer la novela que ha ganado el Pulitzer.

9788433973023Y acabo este resumen de mejores lecturas (no románticas) del semestre con La buena letra de Rafael Chirbes. Me sorprendió muchísimo por lo sencilla que me pareció su lectura. Lo empecé una noche con un ojillo medio cerrado (no puedo ir a dormir sin leer aunque sea una página) y me leí medio libro. Es cortito, pero tuve que parar, porque lo hubiera leído del tirón y casi sin pestañear. ¡Qué maravilla! Me gustó la historia, me gustó la manera de contarla, me gustó la sensación final. Me gustó todo. Lo único que no me gusta es haber tardado tanto en descubrir a Chirbes, y eso que hacía años que veía su nombre por todas partes.

Poniendo aquí todas estas historias me doy cuenta de que mis lecturas de este año están siendo geniales. Estoy leyendo bastante cómic y manga (Yona me tiene enamorada, pero de esto os hablaré otro día), también mucha novela romántica (me encanta para evadirme y relajarme) y estoy consiguiendo mi propósito, seguir descubriendo autoras y autores que hace años se me quedaron en el tintero. ¡Seguimos!

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Novela negra y misterio

RETO | Agatha Christie

La mejor receta para la novela policíaca: el detective no debe saber nunca más que el lector.

Llevo tantos años queriendo leer la bibliografía completa de Agatha Christie —exceptuando, de momento, las que escribió como Mary Westmacott— que he perdido la cuenta.

Si habéis leído la presentación que hice en Mónica (in verses) supongo que sabréis por qué me he propuesto, por fin, este reto un poco loco.
Creo que cuando perdemos a alguien que queremos siempre intentamos aferrarnos a cualquier cosa para que no se vaya del todo. Con el paso del tiempo es inevitable olvidar detalles. Desde hace veintitrés años intento aferrarme a todo lo que puedo, por pequeño y absurdo que sea, para no olvidar del todo a mi bisabuela. Tengo un frasco de la colonia que siempre usaba para olerlo de vez en cuando, mi memoria sigue conservando su voz —aunque cada vez me cuesta más—, y el calor de sus manos lo siento cuando leo un libro de Agatha. Mi cabeza tiene una imagen archivada, unos pocos minutos, como si fuera un pequeño corto. Caminamos por la calle cogidas de la mano en dirección a una papelería de Barcelona, que es muy probable que ya no exista. Compramos la Teleindiscreta y el libro del coleccionable de Agatha Christie que lleva la película en VHS. Una tarde vimos la de Muerte en el Nilo juntas. Volvemos a casa parando a comprar una bolsita de esos chicles de Coca-Cola que tanto me gustaban..

La lista de novelas de Agatha es infinita, por eso digo que es un reto un poco loco: 66 novelas, más de 150 cuentos… Así que me he hecho un pequeño listado de las novelas que tengo de esa última colección que hizo, que no son demasiados porque está incompleta. Hay algunos títulos que los leí en su momento y no sé si los volveré a leer —son los que están tachados—. He leído alguno más que no salen en la lista, como Navidades trágicas, pero en principio me voy a centrar en los que he apuntado aquí.

            1. El misterioso caso de Styles (1920)
            2. El hombre del traje marrón (1924)
            3. El asesinato de Roger Ackroyd (1926)
            4. Muerte en la vicaría (1930)
            5. La muerte de Lord Edgware (1933)
            6. Asesinato en el Orient Express (1934)
            7. Muerte en las nubes (1935)
            8. El misterio de la guía de ferrocarriles (1936)
            9. Muerte en el Nilo (1937)
            10. Diez negritos (1939)
            11. Maldad bajo el sol (1941)
            12. Cinco cerditos (1942)
            13. Sangre en la piscina (1946)
            14. Testigo de cargo y otras historias (1948)
            15. El templete de Nasse-House (1956)
            16. El espejo se rajó de lado a lado (1962)
            17. Noche eterna (1967)

Me encantaría leer un título al mes, pero seamos realistas, yo que soy una lectora de antojos y, además, kamikaze, seguramente no lo cumpla, pero ¡lo intentaré! Y vendré a contarlo. Palabrita.

Narrativa contemporánea

LA BUENA LETRA | Rafael Chirbes

Qué tiempos más bonitos, cuando estábamos todos juntos y nos reíamos y no nos faltaba lo indispensable.

Una pequeña joya, eso es La buena letra. Una novela corta, un monólogo de Ana, en el que cuenta a su hijo Manuel la historia de su familia durante la Guerra Civil y la posguerra. Pero no nos encontramos ante otra historia sobre la guerra como podría esperarse, esta es una historia de personajes, de como esa guerra influyó en sus vidas, en su destino. Esta es la clase de historias que más disfruto, las que se centran en los personajes, en sus sentimientos y sus pensamientos. Quizá porque siempre logran empaparme de esas emociones haciéndolas un poco mías. Sentir los libros es lo bonito, es lo que luego perdura en el tiempo, lo que hace que los recuerdes.

Ana desgrana con melancolía su vida, una infancia llena de recuerdos con su abuelo, su juventud y boda con Tomás, la relación con su cuñado Antonio, la dureza de la posguerra, la fractura familiar, la escasez, el miedo, la muerte. El bando de los vencidos.

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Nos habíamos convertido en mulos de noria. Empujábamos, ciegos y mudos, buscando sobrevivir, y, a pesar de que nos dábamos todo unos a otros, era como si sólo el egoísmo nos moviese. Ese egoísmo se llamaba miseria. La necesidad no dejaba ningún resquicio para los sentimientos.

La buena letra esconde entre sus páginas un relato de poco más de 150 páginas que se lee de un tirón, sin aliento, con dolor. El dolor que nos provoca una historia que sentimos cercana, que también tiene una parte de nuestras propias raíces. Como decía antes, podría haber sido otra historia más sobre la Guerra Civil, pero Chirbes escribe muy bonito, con frases que no puedes evitar subrayar, disfrutar y guardar. Casi poéticas en algunos momentos, siempre bellas y vibrantes. No sé si seguirá la misma línea el resto de su obra, pero si sigue contándome otras historias de manera tan bonita, seré capaz de leer lo que me eche.

Próxima parada París-Austerlitz.

A veces te veía escribir y, a mi pesar, recordaba aquellos cuadernos de ella. Pensaba: «La buena letra es el disfraz de las mentiras». Las palabras dulces. Ella había tenido razón. Al margen de su camino sólo quedaba lo que en sus cuadernos llamaba «mezquindad» y «estúpida falta de ambición».

*Las fotografías que acompañan la reseña son de Robert Capa.

Narrativa contemporánea

YO TE QUISE MÁS | Tom Spanbauer

En lo alto de la escalera, bajo la ventana de la primera planta, la placa y el verso del poema de Auden.

«Si el afecto equivalente no es posible, que sea yo quien ame más».

(…) El poema de Auden. Lo perfecto que es ese poema. Verdad de un modo en que la verdad puede hacer que te estremezcas, que llores, que te enorgullezcas.

Empecé a leer Yo te quise más en diciembre volviendo a casa por Navidad. Leí tres páginas, cinco a lo sumo y lo dejé. Desde entonces, todos estos meses ha estado rondando por mi cabeza el ponerme con esta historia. Su momento llegó hace una semana. Hoy, después de haber conocido a Ben y Hank, después de haberme metido de lleno en una historia de Tom Spanbauer, sé que esta novela solo es disfrutable si la coges en el momento adecuado.

Me costó pillarle el punto a la forma de escribir de Spanbauer, al principio había momentos que me descolocaba, después, cuando logré situarme, fue todo rodado y empecé a disfrutar. Empecé a disfrutar de esa pluma sin adornos, a bocajarro, llena de verdad, la verdad que corre por las venas. La verdad de Ben, su matrimonio fallido, su enfermedad, su sexualidad, sus relaciones, su amistad con Hank. Su amor por Hank. Porque la historia que nos cuenta Spanbauer, al fin y al cabo, es una historia de amor. Un amor de los que dejan huella, de los de toda una vida, de los que no se olvidan, de los que sangran, de los que son como un agujero donde más duele, en el pecho, en el centro, bien hondo.

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Yo te quise más toca muchos temas y la mayoría dolorosos. Es difícil que al terminar de leerla no te haya dejado un poso, por pequeño que sea. Es difícil que días después no sigas pensando en Ben, en qué tal le irá. Ese Ben que durante la lectura sientes que ha estado a tu lado, contándote su vida, en la barra de cualquier bar con una Budweiser en la mano. Abriendo esa vena donde palpita la verdad. Lo bueno y lo malo. Todo. Te hablará de Hank y lo hará de tal manera que tu también tendrás ganas de conocerlo, de conocer a Hank Christian, al Guardián del Umbral, al Maroni. Comprobar si sus ojos son azules o negros y si tiene la sonrisa de «Soy el terror de las nenas». Tendrás ganas de verlos juntos, sentados en una escalera rozándose las rodillas desnudas, mirándose como solo se miran las personas que tienen una conexión especial, casi mágica.

Ben también te hablará de Ruth, ella es importante en su historia. Te hablará de lo que significó para él y también para Hank. Y en ese momento no podrás despegar los ojos, porque su narración cogerá un ritmo casi frenético y dolerá. Puede que mucho, puede que poco, depende de como tengas el cuerpo (y el corazón) después de escucharle durante horas.

Querido Gruney, a mí me costará olvidar tu historia.
A mí me dolió escucharte.

Si tuviera que volver a repetirlo todo, no lo haría. Demasiado dolor. Sin embargo, tanto dolor curte.

Puto Tom Spanbauer, tío.

Sentimental

LA LUZ QUE PERDIMOS | Jill Santopolo

Es lo que tiene el amor. Que nos hace sentir infinitos e invencibles, como si el mundo entero estuviera a nuestra disposición, abierto ante nosotros, como si pudiéramos conseguir lo que nos propusiéramos y cada día estuviera lleno de maravillas.

Creo firmemente que los libros que te hacen sentir cualquier tipo de emoción son lo que al final se quedan contigo y, en ocasiones, acaban formando parte de esa pequeña lista de libros de tu vida. Desde hace unos años ese es mi baremo para valorar un libro: sentir. Si una historia me hace sentir ya me tiene casi ganada.

Con La luz que perdimos tuve un flechazo, fue leer la sinopsis y saber que me iba a gustar. Es algo que hace tiempo que me pasa muy poco con la novela romántica, de un tiempo a esta parte siento más desencanto que otra cosa con este tipo de historias. Pero me gusta guiarme por mis flechazos —en prácticamente todos los aspectos de mi vida—, seguir al corazón pienso que es bueno, porque aunque te equivoques al final te llenará la paz. Y esta vez tampoco me equivoqué con mi flechazo lector, porque la historia de Lucy y Gabe es de las que te dejan un vacío dentro. Una historia tan real que duele, tan sentida que traspasa el papel, tan triste y tan cercana que es demasiado fácil tocarla con la yema de los dedos. Este tipo de historias son las que me llegan, las que siento tangibles. La purpurina y los unicornios me temo que no están hechos para mí.

Gabe y Lucy se conocen en la Universidad de Columbia en un seminario sobre Shakespeare el 11 de septiembre del 2001, el día de los atentados de Nueva York. Ese mismo día surge la chispa entre ellos y tiempo después inician una relación. Una relación que Lucy pronto asume que tiene fecha de caducidad porque el sueño profesional de Gabe es irse al extranjero como fotógrafo. Una oportunidad para ir a Irak separará el camino de Gabe del de Lucy. Sus vidas tomarán rumbos diferentes, pero seguirán unidos por un amor imperecedero, loco, desgarrador y único. A pesar del paso de los años y de los kilómetros, nunca dejarán de pensar el uno en el otro, ni de quererse, ni de echarse de menos. Ni de cuestionarse si tomaron las decisiones adecuadas en el pasado.

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Una historia de despedidas y reencuentros, de añoranza y de sueños. Una historia que sin poder evitarlo hace pensar en lo importantes que son las pequeñas decisiones que tomamos y que poco a poco, sin darnos cuenta, modifican nuestra vida. ¿Qué hubiera pasado sí…? Es la pregunta que planea sobre la historia de Gabe y Lucy.  Lucy sentía que Gabe no sería del todo feliz mientras siguiera en Nueva York, que debería marcharse para sentirse realizado y pleno aunque a ella se le partiera el corazón. ¿Pero realmente Gabe será feliz sin Lucy?

La luz que perdimos no siento que sea una historia perfecta, pero a mí ha logrado tocarme el corazón y tenerla dando vueltas en mi cabeza constantemente. Leí las últimas páginas con un nudo en la garganta y con la necesidad de sentarme delante del teclado, como hacía meses que no me pasaba. Supongo que es demasiado fácil ponerse en la piel de Lucy, porque ella es la narradora durante toda la historia. Cada momento, cada sentimiento, cada lágrima, cada carcajada. Cada acierto, cada error. Todo está ahí, sin dobleces, la historia de un amor. El amor de Lucy por Gabe.

La historia de una vida, la que podría haber sido y la que finalmente fue.

Espero que algún día encuentres un amor así, un amor que todo lo consuma, un amor potente, que te haga sentir que estás volviéndote un poco loco. Cuando te entregues a un amor así, tu corazón saldrá magullado. Saldrá apaleado. Pero además te sentirás invencible e infinito.

Narrativa contemporánea

CHARLOTTE | David Foenkinos

Charlotte Salomon. C-H-A-R-L-O-T-T-E.

Su nombre no se me va de la cabeza desde que terminé de leer Charlotte de David Foenkinos ayer por la tarde. Es fácil entender esa obsesión que sintió el autor después de descubrir por casualidad a la joven pintora alemana en una exposición en Berlín. Entiendo ese flechazo, esa necesidad de saber más sobre la persona detrás de esas pinturas. Su vida marcada por la tragedia —varios miembros de su familia se suicidaron, como si una maldición les persiguiera—, sobre su final a los veintiséis años en una cámara de gas de Auschwitz, estando embarazada de cinco meses. Sobre el olvido que ensombrece su nombre. Lo entiendo porque después de leer su libro me ha dejado con la misma necesidad, con las mismas ganas de saber, de darle luz.

Foenkinos dedicó diez años a Charlotte, a seguir sus pasos, las huellas que dejó en su Berlín natal o en el sur de Francia, dónde se refugió en sus últimos años, antes de ser delatada por un vecino. Nos lo cuenta intercalando la vida de Charlotte con retazos de la investigación que llevó a cabo para llegar a conocerla.

Charlotte quedó huérfana de madre con nueve años, su padre, Albert Salomon, un reputado cirujano judío, vuelve a casarse con la cantante de ópera Paula Lindberg. Cuando los nazis llegan al poder su vida empieza a tambalearse, Charlotte tendrá que dejar la Academia de arte y refugiarse en Villefranche-sur-Mer (sur de Francia) con sus abuelos maternos. Con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, Charlotte tendrá que vivir el suicidio de su abuela y, a raíz de la tragedia, una inesperada confesión de su abuelo. Charlotte decide hacer frente al dolor pintando y en menos de dos años tiene entre sus manos lo que será Leben? Oder Theater? (¿Vida o Teatro?), una obra autobiográfica de 769 pinturas (gouaches), textos y música. Esa obra ha llegado a nuestros días gracias a que Charlotte se la entregó dentro de una maleta a un amigo de la familia. Poco después llegó el amor de la mano de Alexander Nagler, un refugiado austriaco que conoció en la Costa Azul. Se amaron, se casaron y juntos acabaron en un tren con destino a Auschwitz.

Charlotte está delante de la consulta de Moridis. Llama a la puerta.
Le abre el doctor en persona.
Ah… Charlotte, dice.
Ella no contesta.
Lo mira.
Y le alarga la maleta.
Diciendo es toda mi vida.

No era la primera vez que leía a David Foenkinos, me estrené hace cosa de un par de meses con su obra más famosa, La delicadeza. Me atrapó totalmente esa forma de narrar tan particular, tan francesa. Sabía que en Charlotte utilizaba un recurso totalmente diferente: frases cortas, puntos y aparte, dándole un toque que algunos califican como poético. Tengo que decir que tengo sensaciones encontradas con esta manera de presentarnos una historia tan especial como lo es la de Charlotte Salomon. Al principio me resultó original, pero conforme fui adentrándome en su historia me supo a poco. Supongo que caí bajo el hechizo de la apasionante Charlotte y mis ansias de saber querían más, mucho más de lo que Foenkinos me estaba dando. Él dice que la escribió así porque era la única manera de poder respirar al llegar al final de la frase. Yo quiero pensar que también es un regalo, porque nos insufla ganas para investigar por nuestra cuenta, sin darnos todo mascado. Y eso, también tiene su gracia, quizá era lo que quería Foenkinos, que Charlotte que se instalara en nuestras cabezas, en nuestros pensamientos, que al cerrar el libro no la olvidáramos. Para mí va a ser muy difícil olvidar a Charlotte Salomon, se me ha quedado pegada en la piel.

Vida

CORAZONES ROTOS, CORAZONES SALVAJES

Me han roto el corazón cinco veces. Una de ellas por amor, las otras cuatro por amistad. Esas cuatro son las que más me han dolido, las que más cicatrices han dejado en mi piel. Hubo un tiempo en qué sentía que estaba perdiendo un poco la fe en la amistad, ahora me doy cuenta de que mi idea era demasiado romántica. Mis amigas eran las de toda la vida, las que crecieron y jugaron conmigo cuando éramos unas niñas. Mi mejor amiga lo era desde hacía más de veinte años. Supongo que por eso empezaron a romperse mis esquemas cuando el tiempo, la distancia y la vida nos distanciaron. Resquebrajaron algo que parecía eterno, irrompible, casi mágico. Con el paso de los años he aprendido que vivir es una aventura y que nunca sabes lo que te vas a encontrar en el camino. Soy de esas personas que se han tomado la vida siempre demasiado en serio y, ahora más que nunca, sé que no es bueno. Ni sano.

Lidia se cruzó en mi camino por sorpresa y desde el primer momento me hizo crecer. Entendí eso que dicen de que hay que tener cerca gente que nos sume y no nos reste. A su lado no he dejado de aprender, de descubrir y de compartir. De sentir orgullo y admiración. A su lado todo ha sido fácil, hasta lo más jodido. Su sonrisa permanente, sus consejos, sus ideas, su manera de ser, de sentir, de darse…

Hace unos años leyendo Fahrenheit 451 de Ray Bradbury descubrí una cita que me ha acompañado desde entonces: “No podemos determinar el momento concreto en que nace la amistad. Como al llenar un recipiente gota a gota, hay una gota final que lo hace desbordarse, del mismo modo, en una serie de gentilezas hay una final que acelera los latidos del corazón”. Mientras escribo esto pienso en esa cita y en lo cierta que es. No sé en qué momento lo nuestro se convirtió en la amistad que tenemos hoy, en esa complicidad y confianza, pero el camino hasta llegar a ella ha sido bonito, repleto de momentos de esos que te llenan el corazón. Recuerdo uno en concreto, quizá fue el momento en el que vi más claro que era alguien importante y esencial para mí. Me regaló un libro que a ella le había gustado mucho y cuando ya nos habíamos despedido, mientras esperaba el tren en la estación, me di cuenta de que tenía una dedicatoria. Una dedicatoria preciosa que me llenó de luz. Lloré, lloré mucho. Lloré de alegría y también de miedo, un poquitín, porque la sensación de abandono sigue pegada a la suela de mis zapatos y, a veces, todavía es inevitable sentirla, desprenderme de ella. Mr. Brandon me dijo “Te lo mereces” y mi contestación fue “Es tan bonito lo que me ha escrito” y él lo entendió todo, entendió esas lágrimas que eran mezcla de muchas cosas. Bonitas y amargas. De ilusión y felicidad. De cicatrices y recuerdos. La gota que desbordó el vaso. Es uno de esos momentos que tu cabeza hace click y almacena, como una foto en blanco y negro pegada en un corcho en la pared formando tus recuerdos. Recuerdos inolvidables.

Amiga, sigue haciéndole caso a tu corazón bonito y salvaje.
Siempre.
En todo.
Es lo que te hace única y especial.
Auténtica.

Feliz cumpleaños.

(Que suerte la mía de tenerte en mi vida…)