Clásicos

DE GRIEGOS, MITOS Y EPOPEYAS

He perdido el gusto por leer. No es algo que haya descubierto ahora, llevo un par de años intentando salir del bucle sin éxito, pero hasta hace unos días no había dado con la clave para volver a sentirme llena. Esto no quiere decir que durante este tiempo no haya disfrutado de los libros que he leído, han caído en mis manos maravillas, pero… ese placer indescriptible que se siente al leer se había quedado por el camino, mientras encadenaba crisis lectoras y decepciones. He pasado semanas sin leer nada y otras que me he atiborrado a leer cualquier cosa. Hace unos días pensé que lo que necesitaba era leer algo que requiriera mi concentración y mi tiempo, algo que me costara, que no fuera sencillo, algo que me recordara porque me encanta leer sin olvidarme de quién soy. Y una tarde mientras estábamos de compras cayó en mis manos la Ilíada. Pocos días antes había visto una serie sobre la guerra de Troya y me había picado el gusanillo, hacía nueve años que no leía nada sobre el tema, lo último fue La canción de Troya de Colleen McCullough. La Ilíada era esa tabla en medio de un océano de desidia, era lo que tanto necesitaba y me agarré a ella fuerte.

No me he equivocado, leer de nuevo sobre Aquiles y Agamenón, Menelao y Helena o el gran Héctor, domador de caballos, ha despertado una parte de mí que estaba dormida, esa parte locamente enamorada de la mitología griega.

71fQdpabRJLLo mío con Grecia fue un flechazo. Fue en mi primer año de instituto, la primera vez que tenía que elegir optativas cuando ni siquiera sabía qué quería estudiar en un futuro. La lista de optativas por aquel entonces me pareció kilométrica. Elegí cultura clásica porque me daba buenas vibraciones, sin saber el temario, ni nada sobre ella y allí conocí a Jorge. Jorge era mi profe, el mejor profesor que he tenido en mi etapa estudiantil y el culpable de mi amor por Grecia. Sus clases eran maravillosas porque él también lo era, escucharle hablar me embobaba, se notaba su pasión y su entrega. Era lo que para mí es el profesor ideal, sabía mantener el interés de sus alumnos, siempre tenía una sonrisa para regalar, amaba lo que hacía y era cercano.

El siguiente año podría haber elegido otra vez cultura clásica pero no lo hice a pesar de que me chiflaba. Pensé que tenía claro lo que quería estudiar y me desvié hacía ciencias, y el segundo motivo es que no estaba claro que ese año el profesor de la asignatura fuera Jorge y no me quise arriesgar. ¿Qué pasó? Mi paso por las optativas de ciencias fue un fracaso estrepitoso, exceptuando laboratorio de biología que me gustó y aprendí un montón. Y sí, Jorge al final fue el profe de cultura clásica y me lo perdí.

Después llegó el momento de elegir Bachillerato —me pillaron todas las reformas educativas— y tuve claro que mi camino estaba en Humanidades. Filosofía y latín obligatorias, griego optativa. Latín se me atragantó de mala manera, lo mío nunca fueron los romanos y en griego volví a encontrarme con Jorge. Y si en cultura clásica fue genial en griego caí rendida. El griego clásico no me resultó fácil, pero lo disfruté muchísimo. Fue un año complicado en lo personal, mi último año viviendo con mis padres, anímicamente no estaba para echar cohetes y entrar en la clase de griego era un descanso, un remanso de paz, una hora para olvidarme de todo, aprender y reír. Tradujimos textos, leímos la Odisea, vimos obras de teatro clásico, aprendimos más sobre mitología… La semilla que había plantado en mí estudiar cultura clásica se convirtió en una planta enorme al matricularme en griego. Y aún nos quedaba el último año de instituto. Entonces nos llegó la noticia, Jorge nos dijo que se marchaba, que llevaba muchos años en ese instituto dando clase y el cuerpo le pedía un cambio. Nos dio su correo electrónico para que le escribiéramos si necesitábamos algo y se fue a Nueva York. Era una putada que nos dejara justo cuando nos tocaba el último curso, el de la selectividad y él lo sabía.

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En el último curso la asignatura de griego se quedó con cinco alumnas, una de ellas era yo. La mayoría prefirieron salir en estampida al saber que Jorge no estaría. Yo me arriesgué, pensé que mi debilidad por el griego me haría disfrutar de la asignatura a pesar del profesor que llegara nuevo. No aprendí nada nuevo sobre griego. Pero no fue una perdida absoluta de tiempo, aprendí sobre embarazos, partos y leí la Ilíada. La nueva profesora era una chica de veintipico y estaba embarazada. Era de esas a las que les encanta contarte su vida, si la clase duraba una hora, se tiraba más de media hablando del embarazo, de su marido y de cosas por el estilo, mis compañeras estaban que trinaban, sobre todo, las que querían meterse en la carrera de filología clásica. Habíamos pasado de tener la clase de griego perfecta a hablar de contracciones y biberones. Lo peor vino en sus meses de baja, la profesora suplente convirtió el griego en una clase aburrida, mecánica y sin chispa, nos tiramos tres meses analizando textos sin parar. Ese año echamos demasiado de menos a Jorge y solo nos contentábamos con los correos que nos llegaban desde Nueva York.

Volver a leer la Ilíada ha traído todos estos recuerdos a mi cabeza. Recuerdos bonitos, nostálgicos, los años de estudiante que conservo en la memoria con más cariño. No podía dejar escapar este sentimiento tan mágico, así que me he montado un ciclo griego la mar de estupendo. La Ilíada solo es el principio de las lecturas que quiero hacer. Le seguirán la Odisea, Penélope y las doce criadas, La canción de Aquiles, El rescate… en fin, tengo una lista con varios títulos que me gustaría leer en lo que queda de año y hablaros poco a poco de algunos.

Seguro que llegados a este punto os preguntaréis qué fue de Jorge, si todavía sigo en contacto con él… Han pasado diecisiete años, perdí el contacto hace mucho tiempo aunque lo he buscado un montón de veces en Facebook (sin éxito), lo único que he podido averiguar es que volvió a casa y actualmente es profesor universitario. A pesar de los años le sigo recordando con muchísimo cariño. Siempre bromeando, siempre sonrisas, siempre risas. Si leyera esta entrada sé que le haría ilusión.

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