Vida

LOS RESTOS DEL AMOR

Estás hecho de pequeños fragmentos de libros que has leído.

Empecé a leer por necesidad. Así lo siento desde la distancia que dan los años. Empecé a leer porque me dolía tanto el corazón que pensaba que me iba a romper de un momento a otro. Trabajaba, lloraba y escuchaba a Extremoduro. Así fueron los primeros meses sin J, hasta que una tarde de diciembre abrí un libro y me puse a leer.

Es hasta gracioso pensar que J se pasó todo el tiempo que estuvimos juntos animándome a leer, él era lector desde niño y veía como algo casi místico que los dos compartiéramos esa afición. Me regaló libros que nunca leí, intentamos leer uno los dos a la vez y tardé medio año en acabarlo. Nuestro último septiembre juntos, lo recuerdo tumbada en el césped de la universidad leyendo El niño con el pijama de rayas mientras esperaba que J saliera de un examen. No terminé el libro nunca y ese fue el último fin de semana que vi a J, —aunque en realidad siguió en mi vida de forma intermitente mediante mensajes a deshoras—.

Empecé a leer porque no quería pensar en cómo J había hecho estallar todo por los aires, llevándose mi corazón por delante. Fue una época complicada, me refugié en el trabajo y en los libros. Leía un libro detrás de otro, casi sin tomar aliento, solo necesitaba algo que me mantuviera entretenida, que me evitara pensar y leer era lo único que apaciguaba mi cabeza, mi corazón y mi desilusión.

Había pasado un puñado de meses cuando J conoció a otra chica. La CHICA, en mayúsculas, la que acabaría formando una familia con él. Y sentí que todo lo que había avanzado se iba por el desagüe. Volvía a la casilla de salida. Recuerdo que días después tomé la decisión más sabia: decirle adiós para siempre. Él no estaba en mi vida, pero seguía en ella, lejano pero constante. Yo estaba enamorada y él estaba conociendo a otra chica. Tenía que alejarme, tenía que pensar en mí, tenía que curarme y los libros fueron mi refugio. Mi salvación.

De leer de manera obsesiva por pura necesidad, acabé leyendo por placer, recorriendo librerías, comprando montañas de libros, descubriendo a la lectora que había en mí y todavía no conocía. Leía cualquier género que cayera en mis manos, con el tiempo descartaba los que no me encajaban y acabé adorando las historias de personajes, las de sentimientos. Leer me llenaba. Me ayudaba a volver a sentir algo cuando pensaba que estaba seca por dentro.

Lo que todo el mundo prodiga es que con el tiempo te quedas con lo bueno de las relaciones fallidas. Yo con J nunca he podido hacerlo, porque aunque lo malo parecía poco, acabó llenándolo todo. Si pienso en nuestro tiempo juntos solo me viene a la cabeza el dolor de saber lo difícil que le resultaba quererme. Fue como llenar de piedras hasta arriba una mochila que antes de que él llegara a mi vida, ya estaba demasiado llena.

No soy una hipócrita, aunque los restos de aquel amor sean como un agujero en el pecho, lo que más siento es gratitud. Él se fue con sus intentos de poema y sus canciones de Sabina y yo me quedé enterrada en montañas de libros. Libros que en estos diez años que han pasado desde nuestro adiós me han regalado amor y amistad. Han moldeado aristas y rellenado huecos. Me han dado vida.

restosdelamor

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Canciones para el tiempo y la distancia, Vida

2018. GUERRA Y PAZ

Siento que este año que acaba ha sido una guerra conmigo misma. Una lucha continua con lo que siento, con los sueños que un día tuve, con las decisiones que tomé y con la insatisfacción que de vez en cuando aparece y golpea.

Y los miedos. Los miedos también siguen ahí, agazapados.

Y sigo echando de menos a quién no lo merece. ¿Qué voy a hacer con todos los abrazos que hice a medida para ti?

Ha sido un año veloz en el que he leído menos de lo previsto pero, sin embargo, me he conocido más como lectora. Qué historias me erizan la piel, qué personajes se quedan conmigo y qué sensaciones me llenan. Echando la vista atrás, algunos de los libros a los que en su momento di cinco estrellas no permanecen en mi recuerdo. Buenas historias, sí, pero a la larga no me han dejado huella. Y, en cambio, historias que en su momento pensé que no me llenaron del todo, siguen ahí, intactas, haciéndome sentir, enseñándome y perdurando en el tiempo.

La buena letra (Rafael Chirbes), Americanah (Chimamanda Ngozi Adichie), Yo te quise más (Tom Spanbauer), La luz que perdimos (Jill Santopolo), Todo 36-39: Malos tiempos (Carlos Giménez), Mejor la ausencia (Edurne Portela), Patria (Fernando Aramburu), Volver a casa (Yaa Gyasi) y El azul es un color cálido (Julie Maroh).

La música me ha seguido acompañando día a día, llenando mi lista de canciones para el tiempo y la distancia. Al volver a escucharlas será inevitable pensar en momentos vividos en este 2018 que se acaba.

La reina pez (Vega), Don’t take the money (Bleachers), Gran hermano (Carmen Boza), We might be dead by tomorrow (Soko) o Guerra y paz (Zahara). [Tenéis la lista completa en la pestaña Playlists, con la carátula que he hecho para este año].

Los libros y la música han sido mi paz todos estos meses.

Mi nueva agenda se llena de propósitos: volver a correr, comer mucho mejor, leer en catalán, estudiar inglés, aceptar mis cambios…

Y de libros que quiero leer: La trenza, Una educación, Feliz final, Detrás del hielo, No digas noche...

Pero, sobre todo, me apetece llenarla de momentos bonitos, de frases inspiradoras y de recuerdos que me hagan sonreír.

FELIZ 2019. Gracias un año más por estar a mi lado, a pesar de los cambios, de mis ausencias, de mis pocas ganas y de las telarañas que empiezan a instalarse en las esquinas de este rincón.

guerraypaz

Novela negra y misterio

RETO | Agatha Christie

La mejor receta para la novela policíaca: el detective no debe saber nunca más que el lector.

Llevo tantos años queriendo leer la bibliografía completa de Agatha Christie —exceptuando, de momento, las que escribió como Mary Westmacott— que he perdido la cuenta.

Si habéis leído la presentación que hice en Mónica (in verses) supongo que sabréis por qué me he propuesto, por fin, este reto un poco loco.
Creo que cuando perdemos a alguien que queremos siempre intentamos aferrarnos a cualquier cosa para que no se vaya del todo. Con el paso del tiempo es inevitable olvidar detalles. Desde hace veintitrés años intento aferrarme a todo lo que puedo, por pequeño y absurdo que sea, para no olvidar del todo a mi bisabuela. Tengo un frasco de la colonia que siempre usaba para olerlo de vez en cuando, mi memoria sigue conservando su voz —aunque cada vez me cuesta más—, y el calor de sus manos lo siento cuando leo un libro de Agatha. Mi cabeza tiene una imagen archivada, unos pocos minutos, como si fuera un pequeño corto. Caminamos por la calle cogidas de la mano en dirección a una papelería de Barcelona, que es muy probable que ya no exista. Compramos la Teleindiscreta y el libro del coleccionable de Agatha Christie que lleva la película en VHS. Una tarde vimos la de Muerte en el Nilo juntas. Volvemos a casa parando a comprar una bolsita de esos chicles de Coca-Cola que tanto me gustaban..

La lista de novelas de Agatha es infinita, por eso digo que es un reto un poco loco: 66 novelas, más de 150 cuentos… Así que me he hecho un pequeño listado de las novelas que tengo de esa última colección que hizo, que no son demasiados porque está incompleta. Hay algunos títulos que los leí en su momento y no sé si los volveré a leer —son los que están tachados—. He leído alguno más que no salen en la lista, como Navidades trágicas, pero en principio me voy a centrar en los que he apuntado aquí.

            1. El misterioso caso de Styles (1920)
            2. El hombre del traje marrón (1924)
            3. El asesinato de Roger Ackroyd (1926)
            4. Muerte en la vicaría (1930)
            5. La muerte de Lord Edgware (1933)
            6. Asesinato en el Orient Express (1934)
            7. Muerte en las nubes (1935)
            8. El misterio de la guía de ferrocarriles (1936)
            9. Muerte en el Nilo (1937)
            10. Diez negritos (1939)
            11. Maldad bajo el sol (1941)
            12. Cinco cerditos (1942)
            13. Sangre en la piscina (1946)
            14. Testigo de cargo y otras historias (1948)
            15. El templete de Nasse-House (1956)
            16. El espejo se rajó de lado a lado (1962)
            17. Noche eterna (1967)

Me encantaría leer un título al mes, pero seamos realistas, yo que soy una lectora de antojos y, además, kamikaze, seguramente no lo cumpla, pero ¡lo intentaré! Y vendré a contarlo. Palabrita.